Hicimos la excursion: contaria maravillas si la describiese puntualmente. Despues que los bañadores salieron frescos y rozagantes, tuvieron la bondad de mostrarme el establecimiento, que tiene el nombre de “Hamman” y está en la conjuncion de las calles de Dupont y del Mercado.
Los baños turcos de que hablo se construyeron bajo la direccion del Dr. Loryea, quien ántes de poner mano á la obra habia recorrido por todo el universo mundo los más famosos establecimientos de su género.
Proponíame hacer la descripcion lo mejor que pudiese, cuando cayó en mis manos la traduccion que del inglés hizo mi amado amigo y hermano Francisco Urquidi, del periódico Overland Montly, que conservaba inédito entre sus papeles, y que yo me tomé la libertad de extractar y acomodar al tono de esta obrilla. Oigamos:
“Subiendo la calle de Dupont, el viajero se detiene ante una hermosa fuente de bronce, cuyos elevados chorros brillan con el sol.
“Sobre la puerta que da entrada al establecimiento que vamos á describir, hay una inscripcion primorosamente ejecutada, que dice en árabe: “Bismi Uah Allá il Allá.”
“A la derecha de la entrada se ve un departamento provisto de refrescos y de estimulantes adecuados: á la izquierda está el despacho, que se comunica por medio de tubos con los diferentes departamentos del “Hamman.” Allí es donde el bañador deposita sus prendas, inscribe su nombre y recibe su boleto. Despues de estos preliminares, penetra al mustaby ó cuarto fresco, cuyo centro está ocupado por una especie de tina de mármol blanco, de seis piés de profundidad, seis de ancho y como seis varas de largo. En ese departamento derrama sus purísimas aguas una hermosa fuente de plata.
“A cada lado de la fuente hay piezas para descansar y para fumar, espléndidamente amuebladas y separadas cada una de ellas por cortinajes y tableros de madera calada y labrada, por donde penetra, como adelgazándose y refrescándose, el aire.
“Los techos y paredes están magníficamente pintados al fresco. El dia penetra en aquellas estancias por dos grandes tragaluces circulares cubiertos de vidrios de colores, cuyos matices están graduados de manera que impresionen con la sensacion de frescura que se experimenta en aquel recinto.
“Sobre todas las puertas y algunas paredes, hay sentencias tomadas del Koran y preces que se dirigen al consuelo de las buenas almas de Moslen.
“Inmensos espejos reproducen por todas partes los objetos, y el visitador, con aquella luz ténue, aquel murmurar de la fuente, aquel sosiego y frescura, se siente dominado por una languidez soñolienta, voluptuosa, esencialmente oriental, viendo, al mismo tiempo que crece su ilusion de lo turco, lo pérsico y lo asiático que le rodea.