“Los vapores de nuestra línea eran hermosísimos y andadores; los de la competencia les igualaron: dispusieron los contrarios que hubiese á bordo de sus barcos soberbias músicas que atrajeran el concurso; las músicas que nosotros llamamos á bordo eran de más renombre: anunció entónces la Compañía competidora pasajes grátis; la nuestra prometió grátis el pasaje y la comida: entónces, grandes carteles llamaron á bailes suntuosos en los vapores de la Compañía enemiga; y parvadas de lindas muchachas poblaron las cubiertas de nuestros barcos.
“Fijóse, pues, la competencia en la celeridad, sin que en tres viajes consecutivos se pudiese sacar la ventaja una á otra línea.
“Tratábase de una guerra en forma, hacíanse cuantiosas apuestas, la gente de mar se dividió en bandos, y las tripulaciones de los buques, de mil amores habrian convertido en naval batalla, aquella porfiada competencia.
“Al partir los buques de los muelles y al llegar á su destino, millares de espectadores agitaban sus pañuelos, alzaban en alto sus sombreros y saludaban con hurras y palmadas á los campeones marítimos.
“En uno de esos viajes, acaso el más empeñado, en medio de la travesía faltó carbon á la línea de M. Prittson, en que iba mi tia; la congoja fué inmensa, la desesperacion tocaba á su colmo, la tripulacion acarreaba de sobre cubierta cuanto podia servir de combustible, y todo lo devoraba en instantes la llama, levantándose remolinos de humo en la agonía del fuego, que anunciaba vergüenza y derrota.
“Mi tia, con el valor de Juana de Arco, con una intrepidez digna de los tiempos fabulosos, se puso al frente de la desesperada situacion.
“Mandó que se arrojase al fuego cuanto habia en las bodegas, excitaba á los marinos, alentaba los ánimos caidos, predecia la victoria, anticipando su entusiasmo; pero faltaba el combustible: entónces, y sin esfuerzo, como por una inspiracion salvadora, mandó atizar las calderas con su barrilaje de lardo; la llama, alimentada, revive; el vapor cobra demasiado empuje; la tripulacion se alienta; el buque se reanima, y volando sobre las aguas, llega triunfal al puerto, con la valerosa matrona en la popa, que se habia apoderado y revoleaba la bandera americana.
“La línea competidora no sobrevivió á su derrota; á mi tia le hicieron grandes obsequios: no obstante que en sus barriles de lardos cifraba su fortuna, rehusó que se los pagasen, diciendo que cuando la Compañía estuviese en fondos, repartiese el valor de sus barriles entre los bravos marinos que habian alcanzado aquella victoria.
“La prensa, con sus mil trompetas, publicó estos sucesos, y del fondo del Kentuky vino un riquísimo banquero, hizo la corte á mi tia y se casó con ella, declarándola poseedora de una opulenta fortuna.
“De esa fortuna participé yo, y ve vd. que mis títulos de nobleza son tan buenos, como los de cualquier potentado europeo.”