En los dias en que hicimos conocimiento con él, estaba reciente uno de sus naufragios: el buque que mandaba y era de su propiedad, cargaba algodon. Una noche, inesperadamente gritaron: ¡fuego! Decia él y continuaba: “Las bodegas eran los mismos infiernos, y el buque, que era de un génio terrible, pegaba saltos como un desesperado.
“Era fuerza escaparlo todo; por ahí van llevando chiquitos, despues viejos.... yo decia á mi buque: hombre, espera que se van todos, aquí me tienes.... me estaba asando vivo.—Capitan, vd. se va....—Oh! no me va, primero se va la última rata; el buque no quiere, se sume y se sume: ¡pobrecito! ya se está sumiendo.... él se va para siempre, yo me va nadando con mis compañeros é queda muy contenta.”
Alma hermosa del capitan Hagen, valiente hijo de las olas, á quien el corazon ama, respeta el peligro y admira la amistad.
Franco, enamorado, tierno y sincero como un niño.
El capitan Hagen nos mostraba la bahía como un cazador sus bosques, como una coqueta su tocador; nos explicaba las regatas, hacia justicia á las mejoras de las otras naciones, y era como un viajero singular que habia tenido por rutas los mares y por posadas las naciones.
Hagen era nuestro inseparable compañero, y á Lancaster, que mucho le queria, profesaba especial cariño.
David Guarin es un escritor eminente de Bogotá, cultiva la poesía pulsando las delicadas cuerdas de la lira de Beker y de Lamartine, á la vez que Mesonero Romanos y Santos López Pellegrin, parecen haberle prestado sus privilegiados pinceles.
Soy deudor á David del conocimiento de varios poetas y hombres eminentes de las otras Américas.
La carrera diplomática ha aprovechado en su patria sus talentos, las sociedades literarias han tributado honores á su pluma; pero como sobresale David, es como buen amigo.