Increibles son los milagros del ahorro, y en San Francisco, como en todos los Estados-Unidos, se citan con orgullo ejemplos de esa faz preciosa de la prevision y de la probidad.
Como para recomendarse un individuo, como su hoja de servicios social está lo humilde de la fortuna con que comenzaron Flood y O’Briend, banqueros que acabamos de mencionar.
Comenzaron estos caballeros su fortuna en una humilde cantina, con las mangas de la camisa remangadas y limpiando vasos; despues se hicieron accionistas de la mina Virginia, y ambos cuentan hoy con un capital de sesenta millones.
Muller y Luchs, ambos carniceros, cuentan una fortuna de cincuenta millones de pesos.
Muller deja por temporadas su rica estancia, para ir entre sus ganados, dormir en el suelo y comer su carne asada como en sus dias juveniles.
Es muy frecuente ver á Luchs en una casa de matanza, que se quita su levita, esgrime su cuchillo, destaza una res, para dar pruebas de que está listo y conoce bien su ejercicio.
Por supuesto que todo esto escarapela el cuerpo de un fidalgo español, de un caballero frances, de un niño fino de México.
Es cierto que la buena sociedad americana pule sus maneras, les comunica barniz europeo é imita y adopta ciertas costumbres; pero no desprecia ni le causa extrañeza el hombre del trabajo, ni le repugna que se ingiera en los negocios, ni le lastima que concurra con él á la eleccion, ni que se le sobreponga en la guardia nacional, ni atenerse á una misma ley, porque la democracia es práctica y tiene sus raíces en el valor intrínseco del pueblo.... en su trabajo. Pero entendámonos, en su trabajo.... no en pretexto de trabajo para farsas.
En estas conversaciones solia asomarme á la ventana: ¡qué desgracia! precisamente cuando en raudales, las mujeres divinas, los grandes trenes, los caballos arrogantísimos pasaban por la calle de Kearny.
Era la matiné, es decir, las diversiones teatrales desde las dos de la tarde del sábado, y el pretexto para las salidas de toda clase de personas, en todo el esplendor del lujo.