—¿Qué? (poniendo el oido).

—¿Me ama vd.?

Ella, (colgándose fuera del balcon)—Sí.

—No, no así: “sí te amo, mi Arturo.”

—Qué cosas tiene vd.!.... Mi mamá!....

Puertazo.... ¡tableau!

El chico tira el sombrero contra el suelo y se mesa los cabellos.

Confiese vd. que todo eso es delicioso; sobre todo, por los trámites.

Póngala vd. de otro modo: está vd. en visita; una niña que se quedó á comer, le flecha á vd. Miéntras los otros cantan.... vd. la dice que es muy hermosa y que ha lucido para vd. la felicidad.

La niña sonríe y quiere llevar las cosas á la broma.