—Volviendo al Sr. Pacheco, dijo mi amigo, es persona altamente considerada, no obstante manifestar su adhesion por México; nosotros le debemos mil atenciones y le estamos profundamente obligados.
—¿Creerán vdes. que he pensado muy detenidamente en lo que acontece, no con el Sr. Pacheco, sino con otros mexicanos que conservan con heroismo su nacionalidad? Ellos son tratados como cualquier otro extranjero; léjos de recibir ofensas, son acogidos en la mejor sociedad, y sin embargo, se tiene por nuestra raza sumo desprecio y se siente algo en la atmósfera, que nos sofoca.
—Eso depende de dos cosas: primero, de que no se distingue bien entre la gente bien educada y la que no lo es, y en que no es lo mismo las ciudades que los campos.
La gente de las fronteras se cree sin fundamento que es, en general, como el sedimento de lo que tienen de peor los dos pueblos; y como el americano tiene la fuerza, y los testigos, y los medios de superioridad; y como de nuestra parte la representacion es tan débil, llevamos la peor parte en todo.
—Yo, dije, he estado en Tejas en 1865. La poblacion americana invadia dia por dia la parte central de la ciudad; á sus orillas, bajo las lonas, como la ramazon y los despojos que empujan á la tierra los grandes lagos, se iba aglomerando la poblacion mexicana, sucia, desnuda, corrupta, bajo girones de lienzo, ó bajo cueros de res, apiñándose como gusanos, formando como costras y grumos repugnantes. El cólera imperaba devastando. Se cebó en el barrio mexicano. Cuando iba desapareciendo la plaga, se publicaba: “Demos gracias á Dios. El cólera se va: ya solo mueren algunos negros y muchos mexicanos.”
En los jurados generalmente resultaban condenados los mexicanos: los nombres de mugrosos y de ladrones les designaban al castigo: yo jamás me he sentido tan humillado como entre aquellas gentes.
—Habia mil razones, replicó mi amigo: los usurpadores de las tierras, pintaban á los mexicanos como bandidos y citaban hechos atroces: los mexicanos, que no tenian justicia ni apoyo alguno, recurrian á la fuerza, se exacerbaban los odios y siempre el juez decidia en favor de los suyos.
Por otra parte, debe tenerse en cuenta que tambien de nuestra parte ha habido violencias.
Pero el hecho es que se pueden citar matanzas atroces por órden de las autoridades, robos injustificables, incendios y todo lo que no seria lícito emplear ni para el exterminio de fieras.
Pero los hechos que hemos palpado y de los que hemos sido víctimas, son no tener quien hiciera justicia á un mexicano, sino condenarle por la primera delacion; en Brownsvill, no se permitia á un mexicano galopar á caballo, ni tener vela encendida, y la más leve sospecha provocaba ejecuciones espantosas..................................................