Ya se abrió la tapa.... ya se desembaraza de los papeles un objeto que se ve en alto.... es un polichinela que mueve los ojos, que anda solo.... que repica sus cascabeles y que abre y cierra las piernas intempestivo, miéntras suena los platillos con sus manitas. El asombro, las risas, las disputas se suceden. Los chicos se desmorecen, todos lo quieren para sí.
Un cochecito de cuerda, una locomotora, unas cajitas de música, un ratoncito que corre, prodigios, primores; los chicos bailan, ríen, hacen caricias á sus padres, queriéndolo todo.... pero han salido á luz unos saquitos, unos casquetes chinos, unos zapatitos bordados con lentejuelas de oro.
Aquello es mucho: se visten los chicos, se prueban los zapatos, se hunden los casquetes á los ojos; los desconoce el perro y ladra, dan su voto las criadas y llevan á los niños frente al espejo.... y aquello es una bola de placer.... los papás, con la carta en las manos y los ojos inundados en lágrimas, hablan del Papati (así me llaman mis nietecitos), y tiemblan á la idea de no volverle á ver......
Las personas pudientes compraban capotas de pieles, y joyas exquisitas; los ménos favorecidos de la suerte, juguetes y fruslerías, y álguien, pundonoroso y maltratado por la fortuna, esperaba á que todos saliesen para comprar unos aretes humildes, una mascadita china ó una pelota de hule, para la esposa, para la hija infeliz, ó para el niño amado del corazon. ¡Oh, cuánto amo yo á esos pobres, me muero por ellos!
Apénas nos desembarazamos de las compras, cuando tomé un carruajito de dos asientos y un caballo, que cuestan la mitad ménos que los comunes; me puse en contacto con mi cochero favorito, Dionis, que no sabia palabra de español y á quien con mi diabólico inglés le pegaba mil chascos, y me eché á volar por aquellos mundos de Dios.
Como he dicho ántes de las calles, las visitas cobraron para mí desusado atractivo; como que me veian con mayor interes; como que, aunque aparentemente festiva la conversacion, guardaba algo de lágrimas; como que entre los rayos de la fugaz alegría, pasaba gimiendo la ave negra de la ausencia. Y sin duda, cosa análoga debe pasar entre los que quedan contemplando el vacío que va á dejar nuestra desaparicion.
Una de mis primeras visitas de despedida, fué una casa que podremos llamar incrustacion mexicana.
Allí todo respira México: las muchachas, que son lindísimas, tienen en la sala cuadros con el paseo de la Viga, el de Bucareli, la calle de Roldan y el Santuario de Guadalupe.
Detestan á americanos y americanas, haciendo de ellos injustas, pero graciosísimas caricaturas: se cantan canciones sentimentales de las que forman el repertorio de la clase media en mi tierra; se brinda á las visitas chocolate; se las obsequia con atole de leche y tamales cernidos; se juegan juegos de prendas, y se disponen dias de campo á nuestra usanza.
—Ni se vuelve vd. á acordar de nosotros, Sr. Fidel. El que se va se divierte con lo verde del camino.