Junto á estos sorprendentes edificios hay casucas siempre puntiagudas y singulares, de la más pobre apariencia, del aspecto más repugnante, y son la carrocería ó el establo, casas de lavanderas ó almacenes de grasas y de pieles pestilentes, de donde brotan endriagos enmarañados y haraposos, fantasmas de falla y borceguíes, y duendes en camisa con chorreones que escandalizan la vista y el olfato.
LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.
San Francisco.
La espalda de esos palacios son callejones inmundos, desahogo de bebedores, muladares asquerosos sin banqueta, con alumbrados exíguos y transeuntes patibularios.
Pero el primer piso de esas calles principales es la exposicion perpétua de cuanto el arte, la ciencia, el buen gusto y la riqueza pueden mostrar con más orgulloso alarde.
Tiendas de ropa hecha en que se verifican intempestivas metamórfosis, casas de modistas de inconcebible profusion de trages, chales y tocados, cajones de ropa en multitud, que como la Casa blanca sola, contiene mayor riqueza que las de nuestra calle de Plateros juntas, y joyerías que el solo Palacio de los diamantes con sus espejos, con sus aparadores forrados en terciopelo negro, ostentan en centellas de luz, de ópalo, de esmeralda, perlas y oro, por valor de catorce millones de pesos.
El lujo que en general gastan caballeros y damas, tiene razon de sospecharlo de fabuloso el que no lo haya visto con sus ojos.
Llegamos en el corazon del invierno: el frio era intenso. Los hombres, porque no podiamos, ni pude jamás distinguir clases ni posiciones, vestian de paño negro, llevando al brazo, ó puestos, paletos riquísimos.