Las damas, con generalidad que degeneraba en vulgar y monótona, caminaban cubiertas de paletos de paño ó de pieles de nutria ó castores; algunas de esas talmas ó burnuces, valiosos en trescientos ó quinientos pesos, con sus gorrillos con flotantes velos blancos, azules, verdes y negros, y sus inseparables sombrillas. No ví sino muy contados mendigos, y éstos ayudados de un organillo, de un violin, de un ramo de flores ó una cajilla de fósforos, y esos entes aguardientosos, trapudos y abigarrados, y esas mastodontas de schal, esas elefantas de delantal y zapato desgobernado, solian pasar por el centro, como el mal olor donde solo se respiran perfumes.
La afluencia de la concurrencia de ladies, en las calles de Kearny, Montgomery y el Mercado, es perpétua, sin variar ni interrumpirse á ninguna hora. La ladie pur sang vive en la calle, y ya se sabe que está en todas partes, y en todas partes se la recibe con preferente atencion.
Por otra parte, aunque se dice que New-York es el emporio de la hermosura americana, yo ni teniéndolo presente me imaginé jamás un conjunto de mujeres más bellas ni seductoras, que tienen derramados en sus formas tales visos de alegría y de fiereza, y es tan suelto y desembarazado su porte, que no el vejete que esto escribe y está turbado y descolorido con cerca de sesenta duros á la espalda, sino la flor y la nata de los primeros donceles del mundo, quedaria ante ellas con un palmo de nariz....
A las orillas de las banquetas y frente á las grandes joyerías ó cajones, hay postes para que desciendan las damas ó para que los dependientes alcancen cómodos á las portezuelas; en los hoteles tienen entrada especial las señoras; en los restaurants, hosterías, etc., hay departamentos preparados con particular lujo para ladies, y en el carro Pullman hay gabinete de aseo reservado para las damas, en donde se agotan las previsiones de la más exquisita galantería.
La mujer está en posesion plena de su supremacía social; va apoyada en el inviolable respeto de toda la nacion.... la circuye una aureola de consideracion, fundada en la fuerza y en la dignidad del hombre. En las intimidades esa mujer será digna del anatema y del castigo; pero en la calle, en sociedad, esa mujer, por solo serlo, tiene el amparo del hombre y de la ley.
En la noche se renueva la vida en el centro de la ciudad, en que se ven como rios y piélagos de llama; tan viva así es la iluminacion de algunas calles, como la de Kearny, tantas veces citada, el Mercado (Market), Montgomery, Dupont y alguna otra.
Muchas tiendas permanecen abiertas y concurridas, y como todas están profusamente alumbradas con gas, pueden llamarse diáfanas las paredes; tanta así es la generalizacion de los cristales enormes y las luces de los aparadores; en la calle se hace luz de dia y se cree una continuidad de festin el movimiento nocturno. Las tiendas se cierran uniendo los cristales de las puertas con una aldabilla, que proclama muy alto la seguridad y la confianza en el pueblo y en la autoridad.
La iluminacion de las calles se debe al tráfico; en las que éste no impera, hay oscuridad y tristeza, aglomeraciones de casas sombrías y lugares desiertos, en que apenas con latas hundidas en la arena se marca la division de propiedades.
Los puestos de frutas, las fondas, los muchos teatros y cafés cantantes, los vendedores de varios objetos y los prestidigitadores y caballeros de industria, usan teas y luminarias para atraer la gente que se agolpa curiosa, pendiente de la charla.
La constitucion material de que hemos hablado en un principio, hace que en las noches la vista de la ciudad sea singular. A mí en cada casa me parecia que habia baile.