Amar es otra cosa.

Incorporéme á los trabajadores: Tulita mandó el coche por sus amigas, y se instaló, sin quererlo, una tertulia, sin pretensiones de tal, de las más agradables, miento, de las más deliciosas que se puede imaginar.

Alternaban Arrillaga y Ferrer tocando divinidades; el polaco y un hermano de la señora distribuian obsequios, respetando el haber de los viajeros, y las chicas, realmente con la masa en las manos, se acercaban al piano á interpretar á Verdi, á Mozart y á Wagner.

Por supuesto, frente á mí llovieron los Albums, y aunque supliqué á las señoritas me diesen copia de mis versos, solo dos de ellas lo hicieron, y allá van:

A TULITA.


¿A qué perturbar tu sueño
Y tu sonreir halagüeño,
Con mi doliente cantar?

Ni tu existir que se mira,
Que entre alegres flores gira
Con tranquilo murmurar?

——