A la algazara sucedió el silencio, la respiracion tenia humedad de llanto, queria sagaz el ingenio distraernos y caia en frio el chiste más agudo, y las notas alegres de la música eran como cantos de febricitante, que más atormentan miéntras calumnian á la felicidad.
Sombras de muerte proyecta tras de sí la ausencia; lo que nos rodea deja de existir, se va, se borra, no vive de nuestra vida, no flota nuestro yo en esa atmósfera. Extraemos nuestro cadáver del seno de los que amamos, y el recuerdo no es más sino el esqueleto tambien de la vida real: es lo que el humo á la llama......
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—Cochero, calle de Fulson.
Era la casa del Sr. Andrade un rincon de México, mejor dicho, un oasis de México.
El Sr. Andrade, como la familia Carrascosa, como los Sres. Gaxiolas, Labiagas, como muchos, conservan por México vírgenes sus afectos, cuidan su nacionalidad intacta, espían los acontecimientos de la patria, enorgulleciéndose con sus glorias, llorando sus infortunios, fanatizándose por ella, porque amar á los padres y á la patria es persuadirnos de que la que nos dió el sér es la más grande, la más bella, la más adorable de las patrias. Todo lo demás son cuentos, como diria el amigo Carrascosa.
En la casa del Sr. Andrade se forma patria á todos los mexicanos que llegan á San Francisco, y se disfruta de la más cordial acogida.
Andrade y su familia se saben convertir en servidores de cuantos favorecen su casa, y para todo el mundo tienen agasajos y finezas.
Allí pude contemplar á las mujeres privilegiadas de Sonora y Sinaloa, espléndidas como sus mares, dulces y melancólicas como el crepúsculo de su cielo occidental.