Pálidas y amorosas como elegidas para recoger las últimas miradas del padre de la luz. Sobre que son lindas, ¿para qué me he de devanar los sesos haciendo inventarios?
La casa de mi tocayo estaba literalmente invadida por sus amigos, y él, verdaderamente en sus glorias.
Los hombres bebiamos en el comedor, disputábamos en el cuarto para fumar y nos agolpábamos á los tránsitos; las señoras cantaban, tocaban excelentes artistas y reinaba por todas partes esa finura desembarazada y generosa que tanto halaga y como que perfuma y ennoblece todas nuestras acciones.
Volvieron á aparecer las señoritas Rotanzis á mi vista deslumbrada, y volví á admirar sus gracias; la única sombra que para mí tuvo el cuadro, fué la ausencia de Chonita Ramirez, de Virginia Sleiden y de unas judías. ¡Oh, qué judías!.... Solo Dios, Dios nuestro Señor, pudo haber estado en aquellas tierras, sin apasionarse como un desesperado, y dejar al género humano que se lo llevase el demonio: al fin, para el pago que sacó......
Nada de disparates; pero quién está en sus cabales con aquellas judías?
¡Qué breves pasaron aquellas horas! ¡qué rastro de luz producen en mi alma aquellos recuerdos!......
Y á propósito: ya se deja entender, la mitad del tiempo lo pasé yo frente á los Albums, que eran mi tormento.
Habia en aquella familia á quien debí tantas finezas, una señorita, dije mal, un arcángel amantísimo á la poesía.
No era una mujer, era la vibracion de una queja; era un sollozo que temblaba en los labios de la vida, para desvanecerse en una sonrisa de muerte.