Era como la oscilacion de un rayo de luna entre las inclinadas ramas de un sauce, y parecia su rostro reflejar la agonía de una llama perdiéndose en un horizonte lejano.
No sé por qué me finqué con obstinacion en que consumia aquella existencia, además del veneno implacable de la tísis, algun dolor intenso producido por la orfandad ó por un amor infeliz.... ¡pobre niña! llena de mimos y cuidados, la llevaba la corriente á la muerte, y ella se asia al muro de rosas de la juventud, que desgarraba sus manecitas con sus espinas.
Habia comprado un Album, solo para que escribiera yo en él, y nadie más: la muerte selló la fidelidad de su promesa.
Esa noche espió con timidez un momento, y me presentó el libro. Nos uniamos dos viajeros: ella debia partir para la eternidad. Yo me aislé en un cuarto, y sin poder dominar mis emociones, escribí:
EN LA PRIMERA PAGINA
DEL
ALBUM DE EMILIA.
¡Oh! cuando voy viajero fatigado
Sembrando quejas y vertiendo llanto,
¿A qué pedir al pecho desgarrado
Ecos sentidos de amoroso canto?
Tu alma requiere acento regalado,
No el gemir ronco de íntimo quebranto;
Puedes hallar aquí, dándote enojos,
Tristes huellas del llanto de mis ojos.