Los carros de ganado son como grandes jaulas exteriormente, y en la parte interior como corrales y caballerizas; hay carros descubiertos totalmente, en que se conduce carbon, y otros, como tanques ó grandes cajones para el petróleo.

El tren de pasajeros tiene dos grandes divisiones: una de carros que pertenecen á la Compañía empresaria, y otra de carros accesorios y especiales (los de Pullman), que pagan á la Compañía un tanto por recorrer el trayecto.

Entre los carros de la empresa, los hay de primera y segunda clase, division que marca más bien el precio para hacer más escogida la concurrencia.

Los carros de primera clase tienen sus asientos traveseros de dos en dos, con sus cojines, su alfombra y sus departamentos cuidados y limpios.

Los de segunda, están llenos de sofacitos de bejuco; en uno de los extremos de ese carro se ve la estufa y el depósito de la leña que la alimenta.

Al extremo opuesto hay oficinas de desahogo y de aseo, y un aparato que contiene agua con hielo para la provision comun.

La gente que se aloja en las secciones más baratas, es pobrísima y de maneras las más bruscas; patanes, con pisones tremendos llenos de clavos, por piés; racimos de plátanos, por manos; sobrecargados de trapos y de chirlos, y con unos sombreros obtusos, inverosímiles, escurridizos y sin figura determinada, como al derretirse, como al pasar á líquidos. En esos carros se fuma con libertad, y eso quiere decir el imperio de la pipa, esa hornilla adherida á un tubo y dependiente de unos labios como claraboyas, y de unos pulmones como fuelles, que soplan torbellinos de humo pestilente....

Y ese incidente es el menor; los que mascan tabaco, en los muladares, en las zahurdas, en las cloacas, en donde la asafétida seria perfume y la putrefaccion campea, pueden llevar el estandarte de la suciedad repugnante.

El tabaco de mascar es un panecillo negro y meloso, compacto como una tabla: las astillas de ese tabaco, que son las que se mascan, producen raudales de saliva negra, que todo lo inunda, dejando por donde quiera rastros asquerosos.

En esos carros, en que el que puede duerme sentado, se ostenta el tipo del yankee ordinario, en toda su desnudez. El yankee en quietud, se echa, se rueda, se empina, se para de cabeza; pero pocas ó ningunas veces atina á sentarse como la gente, y el pandemonium aquel del carro, es una de cuadriles, de codos, de patazas enarboladas, de gañanes patiabiertos, que es una delicia.