Los wagones pueden contener hasta veinte personas cómodamente; pero se admiten todos los que se quieren ó pueden acomodar, de pié, aprensados, colgados, hechos racimos ó aglomerándose como una torta, eso no es del caso: á las señoras se da lugar preferente; pero desde que las ladies exigieron esa distincion, desde que se daban con orgullo por bien servidas, la cortesía se resfrió y ahora son más tibios los varones y mucho más atentas las damas.
Entre los wagones, dos clases de ellos llamaron mi atencion.
Los unos, de figura completamente esférica, como quien ve sobre ruedas caminar un globo de lotería, accesibles á todos los vientos y por todas partes, corren con un solo caballo: en el término del viaje hay un círculo de madera incrustado en el suelo que hace girar caballo y carruaje y lo pone en direccion opuesta á la que traia, con todo y pasajeros, que entran y salen como en su casa.
Los otros carruajes son más originales: se ven andar por en medio de la calle de Clay y Sutter sin mulas, ni máquina, ni cochero, ni nada, como por sí mismos, acarreando pasajeros y subiendo y bajando cerca de dos millas de distancia.
El mecanismo del movimiento consiste en unas canales paralelas á los rieles, en donde giran cadenas de fierro con horadaciones que recorren unas uñas fuertísimas. A los extremos de esas cadenas está la máquina de vapor, y los carruajes se paran, aceleran ó modifican el paso, segun la voluntad del conductor, que realmente no tiene sino muy poco que hacer. Esto me han dicho: veré y contaré.
Pero la impresion que producen esos wagones es rara, y si aplicado el mecanismo á terreno quebrado parece tan fácil, mucho más lo seria en los terrenos planos de muchas de nuestras ciudades.
En 1846, la poblacion era de mil almas. Entónces comenzó el influjo del Este, y en Diciembre de 1850 era de 25,000 habitantes. En 1860 se computaron en 56,802; en 1870, en 149,473, y en Abril de 1876, las autoridades locales estimaron el número en 272,345.