Va cruzando en las llanuras,
Va corriendo en las montañas,
Con sus músculos de fierro,
Con su penacho de llamas,
Con su estridor que remeda
El retumbar de las aguas,
El intrépido gigante
Que devora las distancias;
Parece que en su carrera
Muros rompe y velos rasga,
Que extiende verdes campiñas,
Que engendra las sierras altas,
Y va soltando los rios
Que cantan en las cañadas:
Las alegres sementeras
Le saludan cuando pasa,
Y repite sus acentos
Pavorosa la barranca.
Parece que lleva un vítor
Cuando corre entre las casas,
Y que al contento congrega
En el campo á las cabañas,
Que alzan sus plumeros de humo
Sobre sus techos de tablas.
A su paso se detienen
Los caballos y las vacas,
Y curiosas al principio
A su encuentro se adelantan,
Y cuando le miran cerca
Retroceden y se escapan.
Va despertando la noche
El rumor de sus pisadas,
Y á modo de sol viajero
Su ojo fijo lanza llamas.
Ruge y vibran los espacios
Como si en lo alto á las almas
Dijera: “haced los honores
A la humanidad que pasa.”
Y así corrientes de pueblos
Se conocen y se enlazan,
Y en el seno del Progreso
Con santa efusion se abrazan,
Los que entre los hielos nacen
Y los que hacen en Africa.
Tú, imperando, vendrá un dia
Que el hombre en comunion santa
A tus clamores de bronce
Responda con mil hosannas....
Siendo los pueblos familias....
Y el mundo, la comun patria.
Fidel.
Marzo 5 de 1877.
Las casuquitas que ya de trecho en trecho, ya dispersas, ya agrupándose, veiamos, todas como que se dirigian á nuestro encuentro, como que venian á buscar los rieles, como se dirigen los ganados á la corriente.
Detrás de esas casitas aparecian los sembrados, despues los árboles, que en hileras como soldados ó como frailes, parecian andar descaminados ascendiendo á la montaña, donde en filas ó en grupos les esperaban sus compañeros.... alguna vez se tendia la llanura amarillenta y salpicada de nieve, ascendia revistiendo la loma, formaba muro la Sierra, coronada de sus picos desiguales, los brazos abiertos de los pinos y sus figuras fantásticas, y tras este muro se aislaba grandiosa y solitaria, una montaña de cristales, que tal parecia, revestida por el hielo, trasparentando las hondas grietas, los espantosos derrumbes, las rocas gigantescas.
Esto, visto entre esos calados de las ramas, entre esos pabellones de las copas sin hojas, es el paisaje que presenta el monte Shasta de California, donde parece decir en la Sierra Nevada, sus últimos adioses la vegetacion.
El camino sigue ascendiendo: la serranía forma muros y se abre, se apiña, se aglomera y trepa tumultuosa; á su pié negrea, culebreando, el hondo abismo; el tren va como equilibrándose en la cresta que se forma en el borde de la hondonada.... del lado opuesto; no se percibe un árbol, ni una choza; el horizonte como que se abate doliente sobre la nieve.
Las sombras bajaban lentas de lo alto de los montes, y como que se apiñaban el el fondo de los valles.... en el vacío.... como que se iniciaba la nada .... ¡qué triste es el alma de la noche cuando pasea por esos desiertos!!
Los conocedores del terreno nos anunciaban que pasábamos por precipicios horrorosos, cortábamos aquella Sierra que describe con tanta valentía Bulnes, que parece despedazada por los huracanes y las erupciones volcánicas, y es por el cataclismo producido por la pólvora y el fierro, dirigidos por el hombre.