Tras esas montañas del Oeste está para ellos el país de la bienaventuranza.

Un jóven cazador perdió á su amada, y su casa se destruyó, sus bienes se aniquilaron, y su consuelo único era dirigir sus pasos por el principio de la vía que conduce al otro lado de las montañas, ó sea al país de las almas.

Descuidando sus correrías, triste, consumiéndose, decidióse á marchar al lugar donde se encontraba el encanto de su corazon.

Absorbido hondamente en esta idea, un dia se sintió como trasportado á un reducido lugar que estaba en la quiebra de la Sierra: allí vió unos picos de rocas que como que se alargaban hasta tomar la figura de cuellos de serpiente, enlazándose para cerrarle el paso. El cazador avanzó resueltamente, y entónces cada serpiente vomitó chorros de agua, que formaba remolinos tremendos, que lo arrebataban, subiéndole al espacio; allí veia como trasparente su vestidura mortal; por su espalda y en sus entrañas se jugaban los rayos del íris como entre cristales.

Abrió sus brazos como las alas de un pájaro y se lanzó al espacio; pero cayó blandamente á la orilla de un lago, donde un anciano pálido de blanca barba, le metió en una barca; la barca avanzaba, y tras ella se evaporaban las aguas, quedando un vacío inmenso: llegaron al pié de una Sierra semejante á la Sierra natal. Abandonaron la barca, y vió que montes, árboles y rocas, flotaban en el espacio, y él atravesaba todos esos objetos como si fueran figuras formadas por las nieblas.

De cuando en cuando se oia un eco poderoso, tremendo como el trueno; pero que al repercutirse moria en deliciosas melodías: entónces, al estampido, se desprendian de las ramas de los árboles y de las crestas de las rocas, trozos como de cristal, verdaderos prismas que al cruzar los aires, producian los colores y volaba la verdura á los prados, el íris á las nubes, los celajes imitaban el topacio y se suspendia la púrpura, como un dosel, sobre una encantadora pradera circuida por una faja de estrellas.

Allí distinguió á las almas con figuras que él comprendia que palpaba, pero de que no pudo jamás dar cuenta en el lenguaje del mortal.

De entre un grupo de esos espíritus, bella sobre toda belleza concebible, y hechizadora del espíritu sobre todo encanto, oyó el mismo requiebro de ternura y la misma voz amada, porque para el hombre ni en el país de las almas hay otra de más dulzura y melodía, esa voz le dijo: “Vuelve á tu país natal, y deja que el dolor y las lágrimas rompan y destrocen tu vestido humano: entónces vendrás á mí y viviremos en la eterna dicha....” La alma del cazador estaba ébria de felicidad.... tendió su mano.... creyó que asia su manto luminoso........ y volvió en sí.... junto á su cabaña medio destruida.... un viejo, con remota semejanza, estaba á su lado.... “¿Qué es de mí? dijo, ¿qué me queda despues de este desencanto......?”

—Alza la frente, dijo el viejo... álzala y bendice á tu Dios.... te queda la esperanza....

El viejo se desvaneció entre las nubes que arrastraba una ráfaga de viento......