Yo, espiando siempre al desconocido ó desconocida que burlaba sin pretenderlo mis pesquisas, me escurrí hácia la plataforma que daba al cuarto de fumar. Pegado á los cristales de su ventanilla, se veia su rostro, verdaderamente hermoso, como un bajo relieve de la plegaria ó del éxtasis... Era divina.... Me pareció que murmuraba un canto; yo me colgaba por la parte exterior.... Sí, cantaba.... y podia yo seguir la medida del canto.... Pero la aparicion se apercibió de mi presencia, sacó del bolsillo una enorme pipa.... y yo no sé cómo se escapó de mis labios esta exclamacion: Maldito yankee!.... Cuando quise contener mis palabras, ya habian salido de mis labios.... me volví azorado y me pareció ver una alegre sonrisa culebrear sobre la dentadura de marfil del hombre de la pipa....

La noche fué tranquila y agradable.

Al siguiente dia, como el bulto de la cabellera de oro se lavaba ántes que nadie y se retiraba despues al cuarto de fumar, yo allí me instalé.

El personaje, con el cachenéz sobre la nariz y el sombrero á los ojos, estaba en un rincon.

Yo, con la detestable é indómita voz que me ha valido ignominiosas expulsiones de los círculos musicales, comencé á tararear la cancion que habia escuchado la noche anterior, saqué mi libro de apuntaciones y comencé á escribir, recitando y cantando mis versos en el tono de la cancion...: por supuesto, fingiéndome distraido y en total independencia del de las botas fuertes....

En uno de mis gorgoreos desastrados, alcé la voz y ví á la del cabello de oro inclinada hácia mí con una expresion de inteligencia y de satisfaccion indescribible: entendia lo que yo escribia, sabia español, era.... una beldad perseguida.... era la heroina de una novela mexicana.... A pesar de mis años.... ¿eh?.... leí entónces, como para mí solo, mis versos....

Oiganlos vdes., ya que aquel patan los oyó como un zoquete, cruzando frente á mí con sus patazas de á vara y su brusquedad de carretero.... ¡y yo que me habia enternecido tan de veras!.... Maldito yankee!

CANCION.


Tierna memoria
Del bien querido,
Que al pecho herido
Consuelo dás.