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Sobre mi abismo
De inmenso duelo,
Tendiste un cielo
De inmenso amor.

En los desiertos,
Sobre los mares,
No desampares
A tu cantor.

Guillermo Prieto.

Marzo de 1877.

Estábamos á la orilla del Lago Salado, cruzábamos lo que se llama el Cañon del Diablo, profundísima barranca que parece formada á pico: trozándose una inmensa montaña que se abre en su cima, se cuelga y precipita en un abismo espantoso.

Por allí asoman, y se extienden, y se inclinan los rieles, sobre tejidos de barras de hierro, que á lo léjos forman caprichosos calados por entre los cuales se ven cruzar las aguas despedazando su corriente.

Al Sur se ven las cercas de madera, las palizadas, las sementeras y los edificios de Utah, del país de los Mormones, de que tanto se habla, y que son ciertamente dignos de profundo estudio.

El tren hizo alto un momento: de entre las chocillas salian corriendo primorosas muchachitas, que con sus piernitas desnudas, sus zapatitos de lana y sus cestillos y trastos, subieron al tren alegres y juguetonas, á ofrecernos café caliente, leche, bizcochos y dulces.

La niña que nos servia era deliciosa de hermosura y alegría: iba, venia, atendia á todos y mostraba complacencia en servirnos. Los mexicanos hicimos una colecta de algunos pesos para gratificarla.... cuando la recibió.... mostró extraordinaria sorpresa, incredulidad suma; pero la persuadimos que aquello era suyo y para sus padres: entónces.... saltaba, nos daba á todos las manos, y se fué corriendo y brincando sobre la nieve, derramandola felicidad....