En cada detencion, la máquina era objeto, lo mismo que los trenes, de escrupuloso reconocimiento.
La luz del dia 7 fué tristísima: caia como doliente y llorosa sobre tendidas y monótonas llanuras.
Ninguna huella de la humanidad; era como una navegacion de un género tristísimo, en que no habia esa majestad del mar, esa comunicacion con el infinito, que engrandece el espíritu.
Los pasajeros permanecian en sus lechos como sin acabarse de persuadir que era del dia la luz que se deslizaba por entre los empañados cristales, á visitarlos.
¿Qué hacer?.... Tomé mi lápiz, y haciendo mesa de mi almohada, escribí lo que leerá, si gusta, el piadoso lector:
UN SUEÑO.
Soñé que el manto de plata
Que del sol quebró los rizos,
Como sembrando diamantes
Y salpicando de brillo
El primor de los cristales
Y las galas del armiño,
Dejaba ver tras sus pliegues
Con sus perfiles distintos,
A los montes gigantescos
Y á los soberbios encinos,
A risueñas sementeras,
Y á murmuradores rios.
Y yo soñando esperaba,
Tras una roca escondido,
Del sol la primer sonrisa,
Porque dulce voz me dijo,
Que del sol al primer rayo,
Miraria de improviso
La nieve desvanecerse,
Romper el hielo sus vidrios,
Y brotar árboles verdes,
Y correr alegres rios,
Y renovarse la vida
En el monte y el bajío,
A los cantos de las aves,
De las gentes al bullicio,
Y al saltar de los ganados
Con soltura y regocijo.
Yo esperaba, y poco á poco
Sentí del terror el frio,
Porque tras el blanco manto
Pensé ver, claro y distinto,
El hogar porque yo anhelo
Y do me esperan los mios.
Y del sol espiaba entónces
Con honda ansiedad el brillo
Porque me asaltó la duda,
Del augurio, é indeciso
Ya la muerte me amagaba,
Ya el gozo me daba brío,
Y del problema de mi alma
Estaba al romperse el hilo.
La luz plegaba sus alas
Tras un celaje sombrío,
Cual mirada de quien llora
Y en la sombra busca alivio;
Y á medida que avanzaba
Como con incierto giro
La luz, y sobre la nieve
Se derramaba su brillo,
Se exhumaban de la tierra,
Tristes y descoloridos,
Como fantasmas los montes,
Como esqueletos los pinos,
Alzando sus secos brazos
Y dando al viento gemidos.
Y la luz adelantaba,
Y su semblante amarillo,
De cadáver, sacó el campo
Y apareció muerto el rio,
Como fallece una madre
Sobre el sepulcro de su hijo.
Y la luz se iba extendiendo,
Y al dar en el caserío,
Alumbrando un cementerio
Y á la entrada de sus nichos,
De pié tristes esqueletos
Que con los brazos tendidos
Inmóviles señalaban
Nuestro lúgubre camino.
Hondo terror me embargaba,
Sentí el corazon herido:
Era como luz enferma,
Erase un cráneo el sol mismo
Despojado de sus rayos,
Escuálido y amarillo.
Dejaba en el negro suelo
El hielo medio fundido,
Como de huesos humanos
Los fragmentos esparcidos.
La luz doliente avanzaba;
Reconocí con delirio,
El lúgubre cementerio,
Y en los huesos sentí frio,
Ví avanzar la luz terrible,
Avanzar.... llegar sus visos
A un punto.... donde se encuentra
Cuanto adora el pecho mio....
Y creí morir.... de repente,
Y de un relámpago al brillo,
La tumba corrió á mi encuentro
Dando agudos alaridos.
····························
Ví al monstruo que me llevaba,
Y llevaba mi destino,
Que me arrancó de mi sueño
Con sus intensos gemidos.
Guillermo Prieto.
Marzo 7 de 1877.