El personaje comun de dos se encerró en el cuarto de fumar.... yo penetré, en las altas horas de la noche, y permanecimos como dos estatuas.

La luna descolgaba dispersos rayos del borde de una nube lóbrega, el huracan gemia.... en la Sierra se veian dudosas claridades sobre la cima de los montes, y se extendian como corrientes de sombra que se precipitaban en las cañadas.

El cuarto de fumar es pequeño y angosto; en el centro hay dos banquillas, una frente á otra, como los asientos de un coche; en la pared de tabla existe uno como farol incrustado en el carro, que contiene una rojiza lámpara: á los lados de aquella especie de nicho están dos ventanillas del carruaje: una era del misterioso personaje, la otra mia. A cada avance de mi mirada, á cada indagacion, se sustraia el desconocido en la sombra, ó bien pegaba el rostro al cristal del postigo: á mí á veces me parecia que sonreia mujer angélica; á veces que se disponia carretero feroz á descargarme un puñetazo.

Fingí dormir, y entónces, suponiéndome, él ó ella, distraido, cantó clara y distintamente el “Adios” de Shubert; pero tan sentido, tan hondamente sentido, que me subyugó, me empujó á la region de mis recuerdos más dolorosos, y sentí lágrimas en mis ojos.

Entónces, como de costumbre, recurrí á mi lápiz, y escribí y declamé con toda energía lo siguiente, que puede acomodarse á los compases de aquel canto delicioso:

CANCION.


Alma que mi alma adora
Con íntima pasion,
Por tí doliente llora
Mi triste corazon.

——

Aislado en mi tormento
Mi voz te aclamará,
Y sin eco mi acento....
En sombras morirá.