Atrás quedaba Dember, capital del Colorado, que es como otro grande embrion de donde ha salido un territorio que pronto se convertirá en grande Estado de la Union, y aparecerá otra estrella en el firmamento de Washington.
Es de advertir que aquí no fué, como en otras partes, la poblacion, conjunto de hombres de varios pueblos, luchas de costumbres diferentes, fusiones y trasformaciones y productos de esas entidades heterogéneas, no, señor; la casi totalidad de estos hombres era del Oeste: el móvil, los metales preciosos.
Por todas partes se veian hombres sujetándose á las mayores privaciones y peligros, extraviarse adrede en busca de aventuras; unos se perdian entre las nieves; los otros desaparecian en las entrañas de la tierra: allí, á manera de cazadores, espiaban la huella de una veta, la seguian en alturas y en profundidades, la sorprendian y se publicaba la bonanza: así adquirió el renombre de Golden City la capital del Colorado.
Un tumulto, un incendio, ó no sé qué, parecian estos campos.
Montañas de ropa hecha, fondas brotando como hongos de la tierra, hoteles como regados á mano por todas partes.
Comer, vestir, dormir: hé ahí cubiertas las primeras necesidades.
Chillaba la carreta, porfiaba ruidoso el martillo, la sierra armaba escándalo, la garrucha chirriaba levantando piedras, y tercios, y muebles á las nubes; todo en el suelo eran escombros, todo ruido en derredor: así lanzó sus primeros vagidos Chayene, y así el Colorado y Omaha brotaron de la tierra, como los personajes de los cuentos, al herirla la indomable audacia del yankee......
Durante la travesía de Ogden á Omaha, los dias habian sido pésimos, y las noches fatales. Mi único entretenimiento fué observar al ambiguo aquel de la cabellera rubia, que advertido sin duda de mi diligencia en observarlo, era á cada momento más caprichoso ó caprichosa, porque aquello era una condenacion.
Su rostro, como ya hemos dicho, lo conservaba obstinadamente cubierto, y sus modales eran tan bruscos, que parecian afectados; alguna vez desnudó una mano de su guante, y era una mano alabastrina, aristocrática, de una mujer distinguida; pero aquel estirar las piernas, aquellos piés que parecian falúas.... esas no eran pertenencias femeninas, era un patan que provocaba mis rencores.... Cuando sacaba su pipa, que era rara vez, se le notaba, aunque muy imperceptiblemente, la repugnancia con que apelaba á aquel accesorio de su disfraz.... era, no hay duda, una bella lanzada á lo desconocido, en alas del infortunio, é inundada en lágrimas.... ¿Era tal vez una jóven que queria ocultarse á las miradas del zelo, y que creia oir tras de sí los pasos de un asesino.... era una mujer criminal que envenenó al amante infiel é iba á ocultar su quebranto y sus remordimientos entre el tumulto de las ciudades del Este?
La noche anterior á la en que llegamos á Omaha, en las paradas del tránsito subian y bajaban viajeros sin cesar.