Al fin tocamos en el Hotel del Sur, empujamos la puerta y nos deslumbró un salon magnífico, de sesenta varas de extension, con altísimas columnas, pavimento de mármol y una magnificencia superior á todo encarecimiento.
Miéntras Gomez del Palacio arreglaba lo correspondiente á nuestro hospedaje, yo me encargué de examinar el salon espléndido que funge como patio del hotel.
A mi derecha se veian las oficinas de recepcion de los equipajes, el despacho al pié de la amplísima escalera, correo, telégrafo y expendios de periódicos.
A la izquierda, gabinete de periódicos, expendios de tabacos y dilatadas sillerías, cerca de una gran chimenea.
Por todas partes se agolpaba la gente, hablando de negocios, leyendo periódicos, y en perpétuo movimiento, á todos los departamentos del hotel.
Sobre la escalera soberbia de mármol, se arrancaba, sobre pilares colocados circularmente, la cúpula del edificio, alta y grandiosa, ceñida de trecho en trecho por anchos corredores que conducian á suntuosos salones, de los que cada uno era lugar de tertulia en que se tocaba, se cantaba y las hermosas hacian ostentacion de sus gracias. Las paredes eran espejos, el suelo alfombras, y en los aires, la claridad del gas no permitia el recuerdo del sol.
Despues de instalados varios compañeros, fuimos presentados á M. Ca-hill, redactor de un periódico en español, titulado: El Comercio del Valle, quien tiene noticias bastante exactas sobre el tráfico de México, y sostiene con calor y copia de datos, las ventajas de la estrechez de relaciones mercantiles.
Pequeño de cuerpo, de ojos vivos, de fácil palabra, aunque con dejo inglés, M. Ca-hill era un precioso cicerone.
Nos dijo que tocando San Luis en el golfo de México, nuestra República está llamada á estrechar sus vínculos con esta parte de la Union, fundando una ventajosa reciprocidad.
San Luis, decia M. Ca-hill, en rigorosa exactitud geográfica, está situado casi en el centro del gran valle de Mississippí, y participa de las ventajas de suelo tan fértil y de punto de comunicacion tan poderoso.