Lisquet era un hombre activo y perspicaz; se dedicó á varias empresas, instalado en la que hoy es calle de Main, frente al mercado. Donde hoy se encuentra el Hotel Barnim y otros magníficos, estaba la casa habitacion de Lisquet y sus almacenes.”

Miéntras el jóven estudiante nos leia entusiasmado su traduccion, las chicas, primero tímidas, despues ménos consideradas, cuchicheaban y me llamaban la atencion, haciéndome la jóven llorosa, confidente de las penas por la ausencia de mi parecido, á quien en otra edad hubiera querido semejarme en todo y por todo.

La bulla era tal, que al lector apénas se escuchaba, quedándole por todo auditorio su amante padre.

Mis amigos fueron á buscarme: unos estaban citados para ver fungir las bombas en el simulacro de un incendio figurado en el hotel Southern, y otros debiamos ir al concierto musical cuyos productos deberian ser para una biblioteca particular.

Despedíme de la tabaquería, no sin dar las gracias por la generosa acogida á que habia dado lugar mi semejanza con D. Felipe de la Cueva.

Mis compañeros se dispusieron á ver el gran simulacro del incendio, yo me dirigí al concierto.

Allí ví, como entre nosotros, y no sé con cuántas exageraciones más, aquellos socios ceremoniosos y encendidos por el afan de figurar, que apartan curiosos, conceden gracias, suben de brinquito las escaleras y llevan triunfales de su brazo á las notabilidades artísticas.

No faltaban sus donas acatarradas, siempre envidiosas y poniendo peros á sus compañeras, que lo hacen divinamente; no escaseaban esos figurines que ven con el lente, tararean distraidos, y desde la altura de una cromática, apénas nos distinguen á los míseros mortales.

Como tengo indicado, á mí me llevó al concierto una persona amabilísima que tenia un amigo, mi acompañante, conocedor de todos los artistas, confidente de todas las poridades de los teatros, dilletanti encarnizado, que sabe todos los motivos, impone silencio en las reuniones, lleva pastillas de pino marítimo para obsequiar á los virtuosi, y para quien los asuntos de bastidores son como el primero de todos los deberes y la más séria de todas las ocupaciones.