Al amanecer del siguiente dia, esto es, del 12 de Marzo, con un cielo espléndido como si se hubiera corrido una cortina, como si se presentase á nuestros ojos deslumbrados el cambio de una decoracion teatral, gozábamos las delicias de un clima templado, y como que nos sorprendia la vegetacion de nuestro país.

Corria el tren entre quiebras y cañadas á los dos lados del camino; dilatadísimos bosques ofrecian á los ojos sus sombras, sus hilos de agua pura cayendo de las rocas, y sus claros en que ya distinguiamos habitaciones risueñas rodeadas de ganados, ya chozas medio destruidas con los rastros del incendio, la tablazon floja y como flotante, y cenizas y desolacion por todas partes.

A veces de entre esas chozas arruinadas salian, colocadas en fila para ver pasar el tren, familias de negros; los niños casi desnudos; las mujeres como arpías, con el seno desnudo y los lanudos montones de cabellos en desórden, y negros con sorbetes desgobernados y rotos, restos de harapos de paño y unas botas incomprensibles, indescribibles, que eran el cataclismo del calzado sobre el pié desnudo.

No es posible describir el efecto que me producian aquellos lugares, algunos de ellos semejantes á nuestras Huastecas. ¡Cómo revivian en mi mente mis impresiones de niño, cuando leyendo á Chateaubriand, me encantaba con aquellos cuadros en donde parece que vibra su voz y se desliza su poderoso espíritu!

Atravesando esos pintorescos rios nos detuvimos algunas horas en Mobila.

Mobila, como dice Molinari, es el gran puerto de embarque del algodon del Alabama y de una parte de la Georgia. En ninguna parte se han hecho más sensibles los estragos que agobiaron á aquella rica y fecunda region del Sur.

Las más hermosas habitaciones se destruyeron ó vendieron á vil precio.

Mobila exportaba ántes de la guerra 900,000 balas de algodon por año: la exportacion, hoy, ha disminuido en más de una mitad.

Al ver las calles de Mobila, involuntariamente se exclama:

“¿Por qué se ha convertido en desierto la ciudad llena de gente?”