Mis compañeros se quedaron descansando en uno de los hoteles; yo me salí á la ventura á recorrer aquella ciudad, que hace esfuerzos titánicos por reconquistar su antiguo esplendor.
En un bar-room, de la manera más inesperada, me hallé un mexicano jóven, aventajadísimo estudiante de medicina, que, como por adivinacion, se dirigió á mí, me tendió la mano del modo más oportuno, y á las cuatro palabras éramos amigos.
El jóven Z*** es natural del Saltillo; su vestir es elegante y su educacion me pareció sobresaliente.
Hacia alarde del habla, de las maneras y de las costumbres de la gente bien educada de la frontera. Apénas hablamos, cuando le invité á que diéramos una vuelta, porque solo cinco horas teniamos disponibles.
Tomó á pechos el chico su mision, y echamos á andar.
A nuestro regreso al hotel, me ayudó á compaginar las siguientes apuntaciones.
Mobila está situado en la parte occidental del rio de su nombre, casi á la entrada de la bahía y á treinta millas del Golfo de México.
La ciudad está como guarecida entre frondosos árboles, como si temiera el arenal que la rodea, y la limitan colinas de poca elevacion.
Tiene grande regularidad la ciudad, por supuesto forjada con el molde americano; el piso es excelente y llaman sobre todo la atencion en el centro las sombrías arboledas y el profuso follaje de los robles, entre cuyas ramas medio aparecen, medio se ocultan los edificios, dando aspecto muy agradable al conjunto.
Dominan la reducida, pero risueña bahía, el fuerte Morgan, antiguamente Bowyer, Mobila, Point y el fuerte Gaine: en la extremidad de la isla del Delfin, descuella sobre todas esas eminencias un faro cuya linterna está elevada á cincuenta y cinco piés sobre el nivel del mar.