Por el interior se ven siete filas de corredores sostenidos por gruesas columnas, alfombrados todos, llenos de espejos y consolas, jarrones y estatuas, y reproduciendo incontables lámparas de gas que despiden vivísima luz que hiere la vista como una basílica, como si estuviera hundida la mole inmensa en un abismo de llamas.

La parte inferior del edificio la componen salones, oficinas de ferrocarriles, despacho del hotel, telégrafos, escritorios para los huéspedes, etc., etc. El depósito de agua contiene 630,000 galones, hay dentro el edificio cuatro pozos artesianos. El edificio se construyó en 1875 y fué el arquitecto J. B. Gaynor.

Por divertirse con mis impresiones, Iglesias y Gomez del Palacio me introdujeron en una piececita perfectamente alfombrada y tapizada, con sus lámparas y sus cómodos asientos: yo creia que era alguna antesala y seguí hablando; de repente, poniéndome á la puerta de la piececita me dijeron, dando unos pasos fuera: asómate.... estuve al dar un grito de espanto: habiamos subido sin sospecharlo yo siquiera al último piso, más alto que el primer cuerpo de las torres de Catedral y me producia vértigo aquella altura. Aquel cuartito es un elevador.

Lo sorprendente para mí fué hallarme en aquella elevada region con un jardin espléndido, con profusion de deliciosas flores, fuentes, estatuas, asientos, kioskos y cuanto habria podido inventar la poderosa imaginacion del autor de las Mil y una Noches.

En cada uno de los pisos hay sus Parlors ó salones, para la recepcion de visitas, y en esos salones se ven los tapices de blanco y oro, con fuentes, aves del paraíso, palmas y cascadas realzadas; se admiran los bronces airosos, figurando guerreros, trovadores y reinas; nos encantan las lámparas como un manojo de soles suspendidos de la techumbre de filigrana; nos convidan sofaes y sillones; nos arroban los magníficos pianos; nos seducen mujeres como deidades que sonríen y como que derraman sus encantos sobre cútis de alabastro y rosas; nos alegran niños juguetones vestidos con elegancia y haciendo flotar en sus carreras sus cabellos de oro, y nos hechiza la reproduccion de tanta belleza en los espejos colosales, en que parece que dejó á guardar el dia sus fulgores.

Las galerías interiores ó claustros que conducen á las habitaciones de los huéspedes, tienen tambien rara elegancia. Se ven tapizados y alumbrados perfectamente.

Los departamentos de los huéspedes más pudientes constan de salon, una ó dos alcobas, escritorio, gabinete de aseo y baño, con agua fria y caliente.

Embutidos en los marcos de las puertas están los botones para llamar á los criados, y los tubos de guta percha para comunicar órdenes al despacho, sin moverse de su asiento ó su cama el huésped.

El comedor corresponde á tanta opulencia: es un salon de cien varas cuadradas, cubierto de mesas de todos tamaños, con lo necesario para el servicio.