De trecho en trecho hay grandes aparadores con porcelana y cristal, espejos por todas partes, consolas y una servidumbre que es un ejército sobrevigilado por caballeros ceremoniosos, que designan los asientos, cuidan de la exactitud en todos los criados y llenan de atenciones á los concurrentes.

Ya se deja suponer lo que serán las cocinas y las dependencias todas del hotel.

Por la negociacion, tal como yo la ví, me aseguran que ofrecian en aquellos dias los chinos siete millones de pesos.

Cuando yo creia que se habia dicho la última palabra en materia de opulencia, me nombraron El Baldwin House, que estaba al estrenarse cuando yo salí de California, y es mucho más extenso y rico que el Hotel Palace.

El comedor del Lick House está considerado como el más elegante de los Estados-Unidos. Se halla bajo una inmensa cúpula formando elipse, con columnas, pórticos y bellezas arquitectónicas de primer órden. El salon, calculado para contener quinientas personas, está alumbrado por colosales ventanas que forman en su conjunto como un gigantesco capelo de cristal.

Cubren el suelo grandes mesas, en las paredes hay gigantescos espejos, y corona la pieza en su altura una amplia galería en que se coloca la música en los dias de festin, y asiste numerosísima concurrencia á disfrutar del espectáculo de los banquetes y escuchar los bríndis, á que son muy afectos los americanos.

“Hay muchas posadas, donde pueden conseguirse, dice una guía, alojamientos cómodos, por veinticinco y cincuenta centavos cada noche, siendo de esta clase el más frecuentado el What Cheer, en la calle de Sacramento, que fué primitivamente el mejor hotel de la ciudad.

“Los restaurants son una peculiaridad notable y característica de San Francisco: ninguna otra ciudad de los Estados-Unidos puede comparársele en esa línea.

Restaurants Chop-houses, literalmente casas de chuletas y rotisseries, abundan en cada manzana. Muchos de ellos son de primera clase, y todos á tan igual altura, que es difícil hacer una eleccion. Las Chop-houses y rotisseries difieren de los restaurants en que sus cocinas están dispuestas á un lado del salon, y cada uno puede escoger su racion de carne, y hacérsela preparar á su vista. Hay numerosas mesas redondas, en las que pagando cincuenta centavos puede uno comer y pedir todos los manjares puestos en lista, incluyendo el vino. “Martins,” en la calle del Comercio, cerca de Mongomery, es notable por sus excelentes cenas.”