V

Bar-rooms.—Salones en que se venden ostiones.—Salones de baile.—Aguas minerales.—Dulcerías.

EN San Francisco no hay cafés á nuestra usanza, es decir, salones en que se sirve café, chocolate, helados, refrescos y comidas, cuando están en punible ayuntamiento el café y la fonda.

Estancias de vagamundos, residencia de politicastros, alfolies de chismes, fábricas de crónica escandalosa, centro de novelerías, desahogo de vejetes verdes y de beodos de levita, reinado del periódico y teatro de las primeras hazañas del calavera temeron y del pollo capense ó subteniente. Eso no lo hay. Tampoco hay expendios exclusivos de licores, á la manera de nuestras vinaterías.

El bar-room pur sang es una pieza con su celosía ó alambrado á la calle, su mostrador con su indispensable pico de gas para que enciendan dia y noche sus tabacos los bebedores, ó su fosforero, y su botecito con limpiadientes de palo.

Contra la pared, y á espalda del mostrador, corre una repisa con vasos y botellas, y sobre ella su espejo y su reloj de madera, teniendo á los lados un cuadrito que señala la fecha y un calendario ó directorio de viajeros.

Debajo del mostrador se encuentra listo un enorme barril de cerveza.

Entra el marchante, suelta sus cinco centavos y se marcha en un abrir y cerrar de ojos, no sin visitar la oficina tributaria de que está provisto indispensablemente todo bar-room.