En estos establecimientos hay, sin embargo, su variedad; ya estimulan á la detencion órganos, valiosos algunos de ellos en veinticinco ó treinta mil pesos, á los cuales se les da cuerda y tocan oberturas, marchas y variaciones preciosas; ya una música de la murga ó un piano, halagan á los devotos de Baco, y ya unido á la murga se tiene una servidumbre femenina capaz de despertar la sed en una piedra.
En las casas citadas, hay sus mesas, se destapan botellas á montones y se estacionan los borrachines armando gresca y fumando sus pipas, que nublan la atmósfera de humo pestilente.
Cuando las damas intervienen, es otra cosa; la servidora se sienta bonitamente junto al forastero ó forasteros, llama á sus amigas para que no haya nones y se aumentan prodigiosamente los consumos.
Cuando los marchantes son caprichosos y quieren aislarse, no faltan sus piececitas en alto, up-stair, en que se bebe y se conversa con mayor holgura.
Hay sitios, sin embargo, como el de La Fuente, que es subterráneo y elegantísimo, que tienen bastante semejanza con nuestros cafés; se toman ostiones, licores ó helados y se goza de la compañía de personas distinguidas.
El restaurant mencionado, que toma su nombre de una lindísima fuente con peces de colores que tiene en su centro, es el punto de cita de los banqueros.
En una de las paredes del edificio, como si un delgado chorro de agua cayese, se desprende una tira de papel que culebrea y se asienta en un canasto que está en el suelo: mucho llamó mi atencion que multitud de personas llegasen á consultar la tirita de papel. Esa tirita para mí fué un prodigio: contiene noticias de todo el mundo, llegadas momento á momento y sirviendo como de resorte para todas las grandes transacciones mercantiles: es el cable submarino. No sé por qué aquella servidumbre del rayo, su objeto, sus consecuencias, el modo sencillo con que sin aparato se verificaban confidencias hasta el otro lado del mar, me produjeron tanta impresion. La unificacion de todos los intereses del globo, fiados con seguridad á una tira un poco más ancha que una canal de cigarro.
Abundan los bar-rooms cantantes y los salones de danza; pero esos generalmente se instalan en calles poco frecuentadas y en subterráneos.
Para comprender el subterráneo es forzoso tener presente que lo primero que se hace en una fábrica es un salon subterráneo, al que se comunica con la calle por una escalera cuyo último escalon es la banqueta.
Así es que el primer piso ó bassement figura en la calle asomándose á la banqueta; esos subterráneos tienen sus tragaluces incrustados y cubiertos como de celosías de fierro y rueditas gruesas de cristal; tendidos en las banquetas con la luz artificial, se ven como pozos de llama por esas celosías; se pasa sobre ellos y dan á las banquetas cierta originalidad.