Espié hácia el templo; estaba completamente solo, se oian mis pisadas resonar en el pavimento de madera, y el eco de mi tos moria en la altísima bóveda.
Volví el rostro á todos lados: dominaba en el altar la Vírgen María; al lado del altar ardia la lámpara; era un templo cristiano con todos los adornos, accidentes y particularidades que un templo de México.
Tal vez la disposicion de mi alma, acaso la soledad y el silencio, que es una solemnidad para el espíritu, no sé, pero el conjunto me produjo intensa conmocion.
Sentia en mi oido el acento de mi Santa Madre como encaminando mis pasos al cielo por la senda misteriosa de la oracion, poblaban mis recuerdos los altares, algo de la blanca luz de mi risueña infancia coronaba las simas negras de mis desengaños y de mis dolores.
Yo dudo de todo lo que puede haber inventado el ingenio humano para hacer de Dios un objeto de tráfico; mi razon protesta contra esa fé que consiste en volar en el caos como los arcángeles malditos de Milton; pero yo siento á Dios y él da luz á mis fibras y canta mi sangre dentro de mi corazon sus alabanzas.
Yo estaba prosternado: mi patria descendió á mí en espíritu, en recuerdo, con los afectos de los que amo, con las memorias de los que esperan mi regreso sobre sus lechos de piedra.
Algun rayo de sol que reverberó en el oro de las molduras del altar, el gorgear de alguna ave que cantó en las ventanas del templo, huyéndose alegre, me volvió de mi arrobamiento.... y me dispuse á salir.... en la puerta del templo habia una mujer anciana que pedia limosna en español.... vestida como las mujeres pobres de nuestra clase media, de mi clase.... no sé lo que pasó por mí.... se me figuró que era nuestra raza entera refugiada cerca de los altares, como una barca náufraga tras una roca bienhechora.
Voy ahora á dar cuenta á mis lectores de mis impresiones en la Sinagoga.
A gran distancia percibimos la Sinagoga Emmanuel; brillaban al sol las voluptas de oro colosales en que terminan sus dos torres ó almimbares. El templo levanta su pórtico como un nicho sobre dos elevadas escaleras, y ostenta el arco de su pórtico sostenido por macizas columnas del órden compuesto.
Sobre el arco se ve uno como segundo pórtico formado por tres arcos ó nichos, y coronado por una gran cornisa saliente de la que parecen arrancar las torres hasta su mitad, cubiertas en el interior por espesas celosías.