La política, por otra parte, á nadie divide; el país está constituido y se desconoce el terreno de la conspiracion: los polyticians se ocupan de intrigas y de aspiraciones; pero esto es aparte, es como lo poco que se cuida el público de que haya maromas por San Pablo y ejercicios en la Villa de Guadalupe: maromeros y devotos hacen su negocio; pero á la masa del público no le afecta ni le conmueve que un maromero se descoyunte, ó que un devoto gane con una salve ochenta años de perdon de sus culpas.

Pero no solo en lo científico ó en lo literario, en las grandes empresas industriales y en la beneficencia y caridad la asociacion opera sus milagros, sino en reuniones de puro contentamiento y distraccion: el Club estrecha las voluntades y calienta los corazones extendiendo la órbita de las relaciones y los placeres.

Hay, no obstante, quien asigne al Club influencia perniciosa, diciendo que enfrian los afectos de familia, arrancando á los esposos del hogar y encendiendo en su corazon las propensiones á la soltería, la intemperancia y el despilfarro. Acaso sea cierto; acaso sea uno de los motivos del apartamiento del hombre de negocios del bello sexo, haciendo insustancial á la mujer y amiga de las aventuras: yo no sé, ni es mi objeto entrar en semejante análisis; el hecho es que el Club tiene vida activísima, y los de California son centros en que se disfrutan las delicias de la buena sociedad.

Los más selectos Clubs son la Union, el Pacífico, y el Club de California: tiene merecida estimacion el Club aleman, la asociacion y el Club Hispano-Americano, de que hablaré despues.

El Club se instituye á expensas de los socios y se rige por sus reglamentos particulares.

Dispone el Club en general de grandes y elegantísimos salones en que hay su cantina con exquisitos vinos, sus mesas de billar en salas separadas, mesillas para jugar ajedrez y departamentos para los aficionados á la música y á las conferencias científicas y literarias.

Los amigos se agrupan ó se aislan acompañados de aquellos con quienes tienen mayores simpatías, se congregan los artistas, los dados á la lectura encuentran selectas bibliotecas y periódicos de todo el mundo, y muchas veces, sin pretenderse, se ajustan entre dos copas negocios, y se celebran transacciones que tal vez habrian sido difíciles fuera de aquel lugar.

Yo asistí al “Bohemian Club” (Club de los Bohemios).

Su reglamento particular acoge periodistas, artistas y gente de todas las naciones, con tal de que las aliente el espíritu de confraternidad y el buen humor.

Tiene mil prácticas extravagantes dirigidas á hacer más cordiales que lo comun las relaciones de los socios y quitarle á la reunion la tiesura y las etiquetas, que son á veces incompatibles con la franca alegría.