Cada vez que se renuevan los oficios, el presidente pronuncia un discurso al frente de una enorme tetera que se pasea en procesion, y se rinden honores á un buho que se mantiene vivo y lleno de atenciones en uno de los salones del Club.
Pero en medio de esta gresca se verifican interesantísimas lecturas y conferencias que honrarian á los más encopetados cuerpos científicos y literarios.
Aunque el Club tiene el nombre de aleman, en el vulgo, hay socios de todas las naciones, y cuando la caldera de la cantina eleva el vapor, se produce en miniatura una torre de Babel, que no hay más que pedir.
Mi compañero en esas excursiones era el Lic. Pablo Newman, aleman al decir; pero que pertenece á la alta aristocracia del universo que se llama del talento y la virtud.
M. Newman habla español como Fígaro y conoce los modismos de México como el Pensador, tararea en francés un M. de Framboisy como pudiera hacerlo la Aimé, y se da cierto chic y sazona con su sal y pimienta las canciones de la Estudiantina Alemana.
En los negocios nadie es más grave y sesudo que M. Newman; pero luego que encuentra un resquicio para dar un puntapié á los códigos y á los comentadores taciturnos, desplega un carácter franco, jugueton, y es el bebedor más alegre y divertido, sin dejar nunca la finura de cumplido caballero.
Rubio; con unos desordenados rizos que se columpian sobre su ancha frente, nariz chata, boca grande, con dentadura temeraria de blancura y de fuerza, regordete y de movimientos listos: tal es M. Newman.
Le veia una noche hacer más piruetas que de costumbre.
—Muy alegre está vd., le dije....
—¡Oh amigo, eso no es de mi cuenta! Es esta pierna (mostrándome una de sus piernas) que se acuerda de su orígen campestre....