APROVECHANDO los accidentes del terreno, las hondas cuencas, las empinadas lomas que corren desde el centro de la ciudad, como los pliegues caprichosos de una lona mal desdoblada, hasta la orilla del mar, se ha formado el Parque, sembrando de árboles las sinuosidades y laderas, convirtiendo las hondonadas en jardines y cruzando con amplias calzadas de menuda arena el recinto bastante espacioso, que remeda un laberinto de árboles y flores limitado por el mar, que se rompe en la orilla á veces, y á veces como que se retira para que transiten en la playa carruajes y caballos. El conjunto de la perspectiva es de una belleza superior á todo encarecimiento.

Al caminar por las cañadas que forma el terreno, flotan sobre nuestras cabezas las copas de los árboles, y vamos admirando su relieve en el cielo azul. Al ascender, como que avasallamos á nuestros piés aquella naturaleza fecunda, y al recorrer los tendidos horizontes que nos cercan, vemos en las lomas distantes casas como rostros alegres que nos espían, apoyándose unos edificios como en los hombros de los otros, y es un tumulto de árboles, estatuas, flores, balcones, ventanas y azoteas que siempre nos sorprenden, y percibimos en las llanuras casas que como que van corriendo entre los árboles, ya aisladas, ya en grupos, á unirse al conjunto que primero deslumbró nuestros sentidos.

Ya hemos hablado de la importancia del carruaje en su más humilde acepcion. Digamos algo del carruaje aristocrático.

La calesa abierta, el landó, el troiquart, el faeton, son comunes y abundan; pero el vogue es lo característico.

El vogue es un quitrin de dos ruedas, ligero como pluma y más barato que un saludo; el vogue es como complemento del pollo que algo se respeta y del hombre de negocios. Es una adicion á la personalidad del yankee, que lo convierte en más movible y ligero. De ahí la predileccion extraordinaria.

Por otra parte, un vogue decente con su caballo bien guarnecido, podrá tener de costo doscientos ó doscientos cincuenta pesos, nuevo, y de segunda mano mucho ménos. El vogue tiene dos asientos, y como el propietario arrienda, el asiento sobrante es del amigo íntimo ó la querida.

Para el aislamiento con esta última es admirable, por la estrechez de la distancia, por la independencia que se disfruta y porque en las cuestiones de seguridad, un brazo amigo es siempre un delicioso respaldo.

Es de advertir que en casas de recreo y particulares, así como en fondas y restaurants, hay columnillas con sus argollas para asegurar los caballos, y escalones para que las señoras desciendan, sin distraer al encargado de las riendas.

Pero el vogue, en su acepcion más poética, es cuando funge como relicario, como nido, como la concha en que brillan dos deidades como dos perlas.