O relinchaban atroces,

O en silencio me clavaban

Sus ojos relumbradores,

Sacando los dientes blancos

Y haciendo sus contorsiones.

A un bording nos trasladamos,

Donde al fin se reconocen

Las costumbres de un cristiano,

Lo que bebe y lo que come;

Mas ¡qué rumbo santo cielo!