O relinchaban atroces,
O en silencio me clavaban
Sus ojos relumbradores,
Sacando los dientes blancos
Y haciendo sus contorsiones.
Donde al fin se reconocen
Las costumbres de un cristiano,
Lo que bebe y lo que come;
Mas ¡qué rumbo santo cielo!
O relinchaban atroces,
O en silencio me clavaban
Sus ojos relumbradores,
Sacando los dientes blancos
Y haciendo sus contorsiones.
Donde al fin se reconocen
Las costumbres de un cristiano,
Lo que bebe y lo que come;
Mas ¡qué rumbo santo cielo!