¡Qué calle y qué alrededores!

Los caños son como acequias,

Las losas no se conocen,

Las calles tienen tiricia,

Cólico los corredores;

Cada puerta es un pujido,

Y un sabañon cada poste,

Danzan menudos ladrillos

En el fango, tan sin órden,

Como en las mesas revueltas