En los recesos de la orquesta, que era por cierto muy buena, paseaban señoras y caballeros, y los viejos tomaban parte en esas fatigas, muy conciliables con sus medios tranquilos de accion.
El Sr. Payró nos presentó á las personas más distinguidas de aquella culta sociedad, y no satisfecho de sus atenciones, nos llevó á un cuartito excusado muy bien abrigado, con muelles y cómodas poltronas, una gran mesa en el centro y tabacos riquísimos para regalo de los afortunados visitantes de aquel delicioso camarin de los viejos.
Por supuesto que tal retrete de la holganza y la charla realizó para mí mi ideal: siempre he procurado en las diversiones en cuya direccion he tenido parte, un algo para los viejos.... ¿Por qué no tributar un homenaje á los inválidos del placer? ¿por qué no consagrar un invernadero á los recuerdos, donde se abren de par en par los verjeles á las ilusiones?
Allí pude notar esa pulcritud, ese desembarazo de buen tono, ese sentimiento artístico, ese buen decir que con razon se ensalza cuando se habla de la gente bien educada de Orleans.
En el salon esencialmente, y en la mujer de nuestra raza, veia ese rayo furtivo de sentimiento que echaba ménos en las deidades olímpicas de San Francisco.
¿De qué búcaro se habian escapado aquellas flores de embriagadores perfumes? ¿Entre las ramas de qué manglares habian despedido sus sentidos arrullos aquellas palomas? Yo no sabré decir; pero á primera vista, no parece que Nueva-Orleans encierre tantos tesoros de belleza y de elegancia; y cómo se siente á nuestra manera, y cómo el cútis de piñon, y la tendida pestaña, y el ojo apasionado, y el negro y rizado cabello, nos despierta reminiscencias de ternura: aquella sociedad, á mí me pareció encantadora.
Volviendo al cuarto de los viejos, en él fuí presentado, y trabé conocimiento con el Sr. general Bauregard, persona de renombre histórico en la guerra del Sur, de claros talentos y de selecta y vasta erudicion.
El general es de cuerpo mediano, delgado, pero enhiesto y elegante, de encrespado cabello cano, frente abierta, y ojos, si no muy grandes, sí muy inteligentes y penetrantes.
La conversacion recayó sobre varios asuntos, y cuando nos separamos fué con el propósito de frecuentar nuestras entrevistas. A tan cumplido caballero no podia dejar de consignar un recuerdo de cariño en estas páginas.
Aunque el baile y la buena compañía en que nos encontrábamos tenia muchos atractivos, y aunque Joaquin charlaba como un desesperado, con cubanos entusiastas y con criollas lindas mozas, fué forzoso separarnos á instancias mias, por tener la peor idea, idea injusta si se quiere, de mi barrio y de mi calle de San Felipe.