Serian las doce y media de la noche cuando nos retiramos del baile, hallándonos á la entrada de nuestro barrio lóbrego, mal alumbrado, con tal cual transeunte de cachucha y calzado equívoco, haciéndose X en la angosta banqueta.
Regresamos por la calle de Daufin que se distingue en la oscuridad por los farolillos encarnados que anuncian las tabernas, y las puertas cerradas, con un boquete con su cruz de fierro, característico del mercado de las hijas de la noche.
Estas casas son frecuentadas por la gente más soez; asesinos, ladrones, bandidos italianos, la hez, la basca social.
Pero me es forzoso confesar, para descargo de mi conciencia, que no obstante lo mucho y muy malo que he presenciado en ese género de literatura, nada deja más atrás la hipérbole misma, que las diabólicas apariciones de la calle de Daufin, por desgracia muy vecina de nuestra casa.
Y no se concentran, ni se encierran, ni se alejan de las miradas sus figuras de arpías, no; sino que las ostentan, las bailan, las cantan, y llevan á su última exageracion el escándalo.
Se abre de repente una celosía, y ya aparece un verdadero cadáver con moños y descotes sacrílegos.... ya tiende el brazo y os quiere atrapar una negra, espanto del infierno mismo. Allí está radicada la lepra hasta en los canes y los gatos.
Esa es la concurrencia femenina-nocturna, de cierto género, en la calle de Daufin.
Alcalde y yo atravesábamos la calle, haciendo agradabilísimos recuerdos del baile, cuando notamos extraordinariamente iluminada una de esas casas de indigno tráfico, de que hemos hablado.
La acera en que se encuentra la casa era como de macizas tinieblas, y de ella salia como en torrente, la luz vivísima en medio de un profundo silencio....
Cuando estábamos á cierta distancia, Joaquin me hizo reparar en la luz; yo creí que se trataba de una de esas repugnantes orgías, hijas de la desenvoltura y de la rabia de gozar; creí que el silencio era uno de esos paréntesis que abren el fastidio y el cansancio donde quiera que se forza el placer; pero al tocar en el frente de aquella puerta, ni me imaginaba siquiera lo que veian mis ojos.