Aquí eres una aparicion, una sorpresa; acaso entre esos bultos, entre esas mujeres, está la madre que te veia resbalar en la perdicion y pedia al cielo que te salvase.... ó acaso de sus garras y de los cálculos de un tráfico sacrílego te arrebató el arcángel custodio de tu inocencia, y le dejó, estrechando á su seno con tu cadáver, el escarmiento de su depravacion......

De cuando en cuando, algunas de aquellas mujeres, extrañas á todo lo delicado, torpes para las acciones circunspectas y cultas, se acercaban á componer los cirios ó arreglar el vestido, á renovar el liquidambar que suspiraba sus perfumes á un lado del lecho de flores.... pero con tal cuidado, con tan leves pasos, con finura tanta, como si temiesen despertar con su ruido á aquella niña confiada á sus cuidados.

No sé el tiempo que duró nuestra visita al cadáver.... Alcalde y yo nos retiramos silenciosos.... y despues hemos recordado, siempre conmovidos, el inesperado cuadro de la calle de Daufin.


VII

Las madrugadas.—Vida íntima.—La raza latina.—El café cantante.

No obstante que ciertos jugadores de ajedrez me pegaban cada desvelada que era un contento, yo no abandonaba mi costumbre de levantarme ántes de salir la luz, y esa circunstancia, unida á mi manía de hablar y reir y armar jácara cuando entro en conversacion tirada con mi pluma, hacian mi vecindad realmente deliciosa.

Por otra parte, la servidumbre de la casa de Mad. Belloc era de negritas particulares, que con su ir y venir, y con sus risas y dengues, tenian en excitacion perpétua la bílis de Pancho, desesperaban á Alcalde, y á mí me llegaron á afectar los nervios.

Las negritas no penetraban, sino que asaltaban nuestros aposentos, pateando, golpeando y sacudiendo cuanto estaba á su alcance, lo mismo un perchero que la cabeza de un hombre formal.