De ahí las invasiones del capital extraño, y la falta de elementos de vida propia.

Las invasiones de que hablamos son de capitales de americanos del Norte, y alemanes, y ellos realmente tutorean y esclavizan la produccion.

Podria contrabalancear esta tiranía la industria manufacturera; pero en la Luisiana no tiene formal importancia esa industria, y las leyes protectoras de ella en el Norte, son precisamente para hacerla imposible en el Sur, que es bajo este aspecto una colonia abyecta del Norte.

Los Estados del Norte, al hacerse dueños y señores del Sur, tenian que establecer en él fáciles mercados para ensanche y consumo de sus productos, y de ahí sus numerosos ferrocarriles, esa maquinaria poderosa que suprimia la distancia y como que procuraba interceptar, abolir los vínculos que habia creado y cultivaba el Mississippí en todos los Estados del Sur.

La alucinacion que aun en las personas más ilustradas producen las grandes empresas, la desaparicion de la distancia, la supresion de los desiertos, la corriente de vida tendiéndose como nubes de oro sobre las altas montañas y la superficie de los lagos, dieron inmensa importancia á los caminos de fierro: se hablaba de ganancias fabulosas, se concedieron liberales primas, se despertaron á los gritos de la locomotora las ambiciones del Oeste y todo parecia concurrir sumiso al apogeo de los inmensos intereses del Norte.

Andando el tiempo, la baratura ficticia de los fletes del ferrocarril, encuentra sérias competencias con la conduccion por el Mississippí; el padre de las aguas recobra poco á poco su poderío, los capitales se ahuyentan al ver atravesar alegres las aguas á los vapores del rio.... y las huelgas del Norte vienen con sus horrores á dar un espantoso mentís á esa política de usureros y de jugadores á la alza y baja del crédito, refaccionado con los embrollos de los arbitristas políticos.

Esa calculada depreciacion de la tierra para conseguirla á cortos precios; esas combinaciones de tarifas, que no son sino organizaciones de explotaciones temerarias que reconocen como auxiliar la fuerza del gobierno; esa política que una vez estalló en explosiones sangrientas, tiene de renovar sus horrores.... y no importa que en la superficie se proclamen derechos, se celebren alianzas y se juren amistades eternas: miéntras las causas subsistan, han de reproducirse, más ó ménos tarde, los mismos efectos.

—Pero dime, Nicolás, cómo la gente pensadora de la Luisiana no pone remedio á una situacion tan violenta?

—Porque no encuentra cooperacion: los ricos, que vivian en el ócio y de los negros, lloran sus pérdidas, pero repugnan el trabajo; á muchos, la debilidad los conduce á cierta relajacion.... muchos no vacilarian entre el hospicio y el taller.