—Y como que sí.

La mamá aplaudió, y precedida del Sultan, era el nombre del perro, entró á dar sus órdenes, cuyos efectos hicieron patentes una botella de Jerez y dos copitas que nos pusieron delante.

Almorzamos alegremente: la señora supo sazonar con todas las pequeñas delicadezas de la mujer de nuestra raza, los manjares; y hubo aquello de:—Esto me figuré que le habia de agradar á vd.—Yo le dispuse.—No le ha de hacer á vd. daño.—Ahora, tomaremos por sus hijos.—Yo sueño con México...... Y otras finezas que, aunque uno tenga el corazon de piedra berroqueña, se da por entendido, y aunque sea de contino amargo como la hiel, se vuelve de azúcar.

El café lo fuimos á saborear en el estudio, viendo flores, oyendo el canto de aves: el que no sabe libar café.... que tome thé, ó si quiere, agua caliente; pero que no profane con tragos de gloton vulgar, la bebida del alma.

—Oh, y cuanto siento me dijo Nicolás (que ya he advertido que su pasion por la raza latina le hace injusto contra los progresos y las instituciones americanas), cuánto siento que nos hayas visitado en un momento de verdadera postracion: no visitas el Sur, visitas las ruinas del Sur.

En este Estado se cebó la desgracia; pero por fortuna tiene elementos inextinguibles de vida.

—Pues por lo que he leido y por lo que me aseguran personas entendidas, la regeneracion del Sur se verifica velozmente.

—No lo creas, Guillermo; en estos momentos, y por la abolicion de la esclavitud y otras circunstancias, el Estado de la Luisiana cuenta poco más ó ménos con 800,000 habitantes en una extension que basta para quintuplicar su número.

Tres cuartas partes de la poblacion están establecidas en las ciudades y solo una cuarta se dedica al trabajo agrícola. De aquí dos fenómenos: la miseria en los campos, y la escasez de la produccion en los pueblos. En todas partes el envilecimiento del trabajo.

La desaparicion, ó si se quiere la escandalosa depreciacion de la riqueza agrícola, hace que aunque se multipliquen las instituciones de crédito, como bancos, seguros, montepíos, etc., son realmente instituciones usurarias; los capitales cortos y en pocas manos, se convierten en elementos de extorsion.