El Norte hizo poderosos esfuerzos y trasladó el depósito de café á Nueva-York; lo mismo sucedió con los azúcares y con todo el comercio.
Antes de la guerra, era una delicia Nueva-Orleans.
El centro del gran comercio de Orleans era el barrio frances; los más opulentos capitales eran franceses, y frances el idioma de la culta sociedad, aunque en el mercado compitiesen los dos idiomas.
Los muebles, las modas, los teatros, guardaban reminiscencias de Paris, y los hijos más distinguidos del país, aun de padres americanos, recibian en Paris su educacion y volvian á modificar con su influencia las costumbres de sus padres, simpatizando con la raza latina.
El viajero que en todo el Norte habia admirado la hermosura, tenia deliciosas entrevistas con la gracia, encontrándola en las seductoras facciones de las hijas del país.
Despues de la guerra, el idioma frances fué el idioma de la desesperacion y de la queja; el barrio frances fué el de la miseria y los despojos, y el lado americano se desarrolló como si le hubieran servido de abono los desechos de la riqueza extinguida y los despojos que dejaban á su paso la orfandad y la desolacion.
Al comercio frances se sustituyó el comercio nacido del concubinato del aleman y el yankee, ó como si dijésemos, para hacer una fábula, la zorra y el lobo.
El tabaco, que era la explotacion favorita de Orleans en el ramo de industria manufacturera, fué objeto de los cálculos del aleman; introdujo economías, perfeccionó procedimientos, se aprovechó cauto del contrabando, provocó las huelgas de los tabaqueros y logró al fin competir con el cubano, aunque éste le llevaba mil ventajas.
—Pues si tiene esas ventajas, ¿á qué debe su preponderancia el aleman?
—A lo siguiente: el cubano, como vdes., vive con el dia; el aleman ahorra, y en el ahorro hace consistir el aumento de su riqueza.