—¿Aquel en que vimos representar la caricatura aquella del yankee tan papanatas, á quien tan apasionada se mostraba la criollita inteligente y vivaracha?
—El propio.
—Yo lo creia el "Globo."
—No lo diga vd., porque se van á reir: el "Globo" es aquel edificio que está entre las calles de Perdido y Barone, que me preguntó vd. si era templo masónico y yo le dije que era un teatro en que se daban al principio representaciones alemanas, y ahora se sirven de él varios arbitristas y saltimbanquis. Ese al fin es un teatro de segundo órden.
—Todo consiste en que de esta calle de Barone no me acabo de formar juicio: unas veces, se me aparece entre árboles frondosos, bordada de alegres mansiones y de casas que anuncian opulencia; otras, como que se descarría y enfanga, presentando tugurios de tablones desarticulados y sucios, huroneras de negros, corrupcion y miseria.
—Ese inconveniente no tiene el Teatro de Variedades, que es precioso y está situado entre las calles de Daufin y Borgoña: este teatro es el sucesor del que estuvo en el sitio que ocupa la Bolsa del Algodon, de que hablaba vd. con el Sr. Quintero dias pasados. El viejo Teatro de Variedades fué destruido por un horrible incendio en 1854.
La obra del teatro actual, mereció á su arquitecto, Tom Place, el título de celebridad de que disfruta. Ya ocuparé á vd. otra vez del Teatro de San Cárlos.
—Pues siento infinito las molestias que vd. se ha tomado para que viese los teatros, tanto más, cuanto que venia con una molestia para vd.
—Diga vd. en lo que le puedo servir.
—Deseo una licencia para entrar á visitar el Asilo de ancianos.