Quiso dedicarse al periodismo, y no tenia la flexibilidad que ese ejercicio batallador requiere. Daba lecciones y vivia en la miseria. Así estaba muriendo.
Su inspiracion tiene el carácter ácre, incisivo, pero frecuentemente sublime, de Barbier, á quien se le comparó durante el período revolucionario.
Yo recordé las relaciones que contrajeron nuestro Rodriguez Galvan y Turla en la Habana, cuando el uno, siguiendo su sino fatal, tropezó con su tumba, y el otro estaba en vísperas de que la mano del destierro lo robase para siempre del suelo de que puede llamarse honra y orgullo.
Me lamentaba de no poseer la composicion que Turla dirigió á Rodriguez despues que éste asistió conmovido á la lectura del Conde de Alarcos, y cuando concluyó le instaba Rodriguez á que fuese á radicarse en México.
Lamentaba, digo, no recordar esa composicion, cuando Havá, con entonacion verdaderamente magnífica, declamó los versos de Turla, que dicen así:
A RODRIGUEZ GALVAN.
Vate del Anahuac, pues con tu lloro
Honrar quisiste el desgraciado drama:
Esta es la hoja mejor del libro de oro
Que codicioso demandé á la fama: