Tus quejidos de angustia y orfandad.

Tú fuiste como invierno de mi infancia:

Fuiste en mi corazon eterno duelo,

De tu mano de muerta sentí el hielo

Sobre mi alma, ¡terrible soledad!

——

Sobre la tumba del que el sér me diera,

Que no tiene una cruz, que no decora

Sauce doliente, que adherido llora

Al sepulcro del mísero pastor,