Va el infortunio asido de mi brazo

Cual si fuese invisible un esqueleto,

Que en perpétuo quejido

En mí extinguiese de la vida el ruido.

Soy como mi prision, como mi sombra;

Como mi propia tumba y mi quebranto

Es la pesada losa que esa tumba

Me cierra con espanto.

¿A quién volverme? El tallo de la yerba

Suele ostentar sus gotas de rocío;