Por un movimiento indeliberado, penetré á donde estaba ahorcándose de un cordel la luz, como queriendo suicidarse, y á su luz, en aquel patio extraño, descubrí medio borradas las letras que en otro tiempo eran el aviso triunfal de Baranda-house.

Nos sucede frecuentemente á los viejos, que encontramos un bulto en la calle.... esa no es una mujer, es una calamidad, es un personaje de pesadilla.... es corcovada.... entre un desmoronamiento de facciones torcidas, arrugadas, distinguimos una boca diagonal, desdentada, náufraga; pero nos fijamos en los ojos; ¡cómo! ¿es ella....? es la mujer que nos embelesó de hermosura y ante quien nos embriagamos de admiracion y voluptuosidad.... y la dueña saca un brazo de esqueleto y nos tiende la mano carnosa, y nosotros queremos pedir socorro para que se aleje la vision.

Tal fué la impresion que me produjeron el patio inmundo, las tablas arrancadas, el conjunto de ruinas del hotel, que despertaba de una manera enérgica mis recuerdos.

Retrocedí á donde estaban mis amigos, y como habian dudado de la existencia del hotel, al ver frustradas mis diligencias por encontrarlo, "vengan vdes., les gritaba, vengan aquí.... allí tienen vdes. la habitacion de Juarez; más adelante estaba Ocampo.... Leon Guzman, Cendejas y yo por aquel corredor.... en esa extremidad pasaba sus horas Manuel Ruiz...." y estos recuerdos iluminaban mi alma y como que exigia mi voz cariño y homenaje á los hombres eminentes que en primera línea figuraron en la grande epopeya de la Reforma.

Juarez, con toda su elevacion, se imponia en mi memoria; su frente despejada y serena, sus ojos negros llenos de dulzura, su impasibilidad de semblante, su cuerpo mediano, pero desembarazado y airoso, su cabello lacio y como de azabache, cayendo en abiertos hilos sobre su frente.... todo queria se apareciese á los demás.

Remedaba yo á Ocampo con su largo cabello cayendo hácia atrás, su faz redonda, su nariz chata, su boca grande, pero expresiva, su palabra dulcísima y sus manos elocuentes, porque accionaba de un modo, que las manos eran el complemento y la acentuacion de la palabra.

Juarez en el trato familiar era dulcísimo, cultivaba los afectos íntimos, su placer era servir á los demás, cuidando de borrar el descontento hasta en el último sirviente; reia oportuno, estaba cuidadoso de que se atendiese á todo el mundo, promovia conversaciones joviales, y despues de encender, callaba, disfrutando de la conversacion de los demás y siendo el primero en admirar á los otros. Jamás le oí difamar á nadie, y en cuanto á modestia, no he conocido á nadie que le fuera superior.

Se me ocurren, entre otras, tres anécdotas que pintan el carácter de Juarez, y me van á perdonar mis lectores que se las refiera:

Llegamos á Veracruz de noche: el Sr. Zamora tenia dispuesta una casa con lujo para las personas del Gobierno: la seccion correspondiente al Sr. Juarez, como era natural, era la mejor; pero la primera noche que nos quedamos allí hizo el mismo Sr. Juarez un cambio, ordenando que el Sr. Ocampo y yo quedásemos en sus habitaciones, y él pasó á las nuestras, que tenian inmediato el baño; porque lo mismo en Veracruz que en el Paso del Norte, se bañaba diariamente el Sr. Juarez, que era sumamente aseado.