La jarochita que gobernaba la casa no supo de este cambio; así es que al siguiente dia de nuestra llegada, pidió agua el Sr. Juarez y algo que necesitaba: la salida del hombre que pedia á la azotehuela, su traza, ó lo que se quiera, produjo enojo en la gobernadora de palacio, y le dijo: "Habrá impertinente! Sírvase vd. si quiere." Juarez se sirvió con la mayor humildad.

A la hora del almuerzo llegó Juarez á ocupar su asiento: la negrita lo vió, reconoció al que en la mañana habia creido un criado.... y haciendo aspavientos y persignándose, salió corriendo, diciendo la barbaridad que habia cometido. El Sr. Juarez rió mucho, y Dolores fué conservada como excelente servidora.

Recien llegado el Sr. Alvarez á México, el Sr. Juarez, que era ministro de Justicia, concurria conmigo al Teatro Nacional: nuestros asientos estaban juntos.

Una noche dilató el Sr. Juarez, y uno de estos foráneos cerreros, de primera silla (así llamaremos á su levita), se apoderó del asiento de Juarez, se colocó su sombrero ancho entre las piernas, y se entregó, con su gran promontorio de cabellos, á ver la ópera.

Juarez llegó á la mitad del acto, se acercó al ranchero pidiéndole el asiento....

—Pus qué no he pagado?.... váyase el roto á buscar madre....

Juarez se retiró á otro asiento: en el entreacto fué el acomodador á explicar su falta al ranchero, diciéndole que era del señor ministro de Justicia la luneta....

—¡Ave María Purísima! dijo el ranchero, poniéndose las manos en la cara.... ¡Ave María! pus buena la hice.

Dirigióse el ranchero á satisfacer al Sr. Juarez, quien no permitió que se le molestara, y le suplicó que siguiese en su asiento: aquel ranchero, cuyo nombre no recuerdo, nos prestó años despues, muy importantes servicios entre Guadalajara y Colima.