Es vasta, sólida y variada la instruccion de Xarifa, y su modestia es tal, que muchas personas que la tratan de cerca, la estiman ante todo como excelente madre de familia.

Tiene Xarifa tres hijas hermosísimas, y que balancean la flor de sus años tempranos en las auras de las gracias.

Cora es alegre y tierna como una mexicana; otra de las jóvenes se desprende gozosa de los brazos de la niñez, y no dora de lleno el sol de la juventud la frente de la niña; y otra, jóven, tímida, delicada como una sensitiva, que deshoja con sus labios de carmin palabras españolas, y hacen contraste su seriedad y su voz que ahueca cuando habla español, con la belleza ingénua de su fisonomía y con sus grandes ojos negros.

La familia Townsed era especialmente afecta á Gomez del Palacio, que es cumplido caballero en su trato con señoras, y cuya conversacion fácil y oportuna es verdaderamente encantadora.

Es la casa de Xarifa centro de reunion escogida de personas de alto mérito, y ella sola bastaria para dar muy alta idea de la buena sociedad de Nueva-Orleans.

Los jóvenes se rodean del piano, cantan y conversan alegres; la señora mantiene en todas partes el buen humor, y los amigos de Mr. Townsed charlan de negocios y de lo que les ocurre, aislándose ó tomando parte en la conversacion general.

Hace pocos años fué nombrado Mr. Townsed, en union de Mr. Colon y otros caballeros de parte del comercio de Orleans, para estudiar nuestras relaciones mercantiles y procurar su fomento. Yo he leido varios de esos informes que me parecen de alto mérito, y de los que un hombre como el Sr. Romero, ministro de Hacienda, podria sacar mucho partido.

Además de los excelentes amigos que he mencionado, debo curiosas noticias á mi amado M. Palmer, inglés lleno de nobleza y de saber, director de uno de los bancos más acreditados.

Todas esas noticias, todos esos datos que yo recogia como al vuelo, y por decirlo así, desde la ventanilla de mi wagon viajero, merecen sérias reflexiones, estudios constantes; convertir en armónicos nuestros intereses con todo el mundo, utilizar nuestros cónsules, economizar chismes diplomáticos, abrir competencia de garantías y goces en nuestro suelo al emigrante y hacer de las tarifas pactos de alianza, como lo supieron hacer en 1860 la Francia y la Inglaterra, teniendo intereses más encontrados y preocupaciones más arraigadas que nosotros y los Estados-Unidos.