Aunque sea de prestado, déjenme poner bonito este capítulo. Algo se me ha de perdonar. Habla Lancaster:
"Desde que concluyó la guerra de separacion, el Norte no ha cesado de hacer sentir sobre el Sur todo el peso de la derrota, no habiendo ejemplo alguno de guerra civil, en que haya sido mayor el abuso de la victoria.
"Algun tiempo despues de la caida de Richmond, los campos talados habian cubiértose otra vez de sementeras, y las ciudades y aldeas destruidas, estaban reemplazadas con nuevas construcciones. Pero las libertades políticas y mercantiles de los Estados rebeldes no alcanzaron amnistía como los prisioneros hechos en el combate. Estos volvieron pronto á sus hogares, aquellas tardaron mucho en volver.
"El gobierno de Washington, despues de su triunfo y del restablecimiento de la Union Americana, puso los destinos de esos Estados en manos de los enemigos más tremendos de la causa separatista, á los cuales se permitia, ó por lo ménos se disimulaba todo abuso de poder que tuviese por objeto abatir más á los vencidos. Los gobernadores que les eran impuestos, á semejanza de los que la república romana enviaba á las provincias sojuzgadas, solicitaban y obtenian estos empleos como una recompensa de sus servicios prestados durante la guerra, como la parte del botin á que se creian con derecho indisputable, y como un medio lícito de enriquecerse.
"Los surianos llamaban sacos de viaje á estos gobernadores, á los jefes de los acantonamientos militares y á los demás agentes federales, de cuya tiranía y codicia fueron víctimas indefensas. Hé aquí la significacion maliciosa de ese apodo: Esos empleados eran generalmente hombres sin moralidad, sin fortuna, ni medio honesto de adquirirla, y se ponian en camino para tomar posesion de su encargo, sin llevar consigo mas que lo encapillado, una segunda camisa y un descabalado calcetin en su maleta, cuando ésta no estaba enteramente vacía; y siempre volvian al Norte con el saco lleno. A propósito de esto, en Orleans se refieren varias anécdotas de un general yankee, que fué, á la terminacion de la guerra, uno de los primeros procónsules de la Luisiana.
"Este general, al dejar el hotel en que se alojó, se llevó todas las cucharas de plata que habia para el servicio de los pasajeros; y tanto se habló de esta ocurrencia en los periódicos, y tantos epígramas se hicieron sobre este tema, que el yankee llegó á ponerse de un humor negro é intratable, el cual solo se disipaba un poco el dia en que él podia robarse alguna otra cosa. Nadie se atrevia á pronunciar la palabra cuchara en su presencia, porque era como mentar la soga en casa del ahorcado.
"A un médico que le prescribió cucharadas de qué sé yo qué específico, trató de darle de bastonazos, sospechando que el récipe era una pulla, y el facultativo tuvo que cambiar esta fórmula por la de píldoras.
"Un dia el general invitó á almorzar á varios amigos suyos en una fonda, y á la hora de los postres quiso hablar reservadamente con ellos sobre negocios políticos. En consecuencia, ordenó al criado que les servia, que les dejase solos; pero el criado no obedeció, permaneciendo cerca de la mesa.
—"¿No ha oido vd. la órden de retirarse? le preguntó el general con enojo.